Los poemas cuentan la historia

Santiago Espinosa reseña la antología de poemas Colombia en la poesía colombiana.

2010/11/18

Por Santiago Espinosa

Se dice que el escultor español Jorge de Oteiza, en sus viajes por Suramérica, se sorprendió con el parque de San Agustín más que con ningún otro vestigio. Decía que en este caso la historia era contada por las esculturas, no por las ruinas cotidianas o sagradas, no por las tablillas de negocios. Como si el arte fuera el único sobreviviente de la catástrofe. La poesía y la historia, si este país desapareciera en su propio marasmo, solo y a la deriva, ¿qué podrían decir sus poemas y poetas sobre él? ¿Qué tipo de sociedad reflejarían sus versos cuando ya nada quede de lo que ellos evocaban

Tal es el ejercicio al que nos invita esta compilación, reciente ganadora del premio del Ministerio de Cultura, y que ha sido preparada por Luz Eugenia Sierra, Robinson Quintero, Joaquín Matos y Amparo Murillo. Colombia en la poesía colombiana es una suerte de arqueología propia a través de 186 poemas, acompañados de una interpretación doble: un texto que señala críticamente la situación estética de la obra y otro que revela el trasfondo histórico que ella esconde.

 

La travesía, casi inédita, comienza con los cantos de creación de las comunidades Kogui y Huitoto, sus palabras solidarias con una tierra. Sigue con la llegada de los españoles, la doble mirada de cronistas y nativos. Continúa por las gestas de independencia y las primeras decepciones, con descubrimientos notables como el bello poema escrito por la hija de José Acevedo y Gómez a la muerte de su padre. ?Los ecos del siglo XIX, ironía política y costumbrismo, las guerras civiles y la irrupción de Silva. La abundante poesía colombiana del siglo XX con Luis Vidales y Aurelio Arturo a la cabeza y que se prolonga entre las ciudades y sus rostros, la violencia y el desarraigo, hasta los poetas de nuestros días como Juan Manuel Roca o María Clemencia Sánchez.

 

El resultado es deslumbrante y diverso como el país mismo. Doloroso y francamente desconcertante, como buena parte de nuestra historia. Al cerrar las páginas queda la impresión de que la poesía colombiana no es la misma y me temo que la historia tampoco.

 

¿Qué tienen los poemas para medirle el pulso a un país con tanta propiedad? Puede que la poesía, escrita desde ambos lados del poder, refleje como ninguna otra expresión escrita la situación de un territorio y de una lengua. Y quizás esto ocurra porque en su vocación de voces interiores aparece la posibilidad de una memoria íntima, un mundo privado donde la historia casi nunca se escribe en su pudor académico pero donde queda el verdadero estrago de los acontecimientos.

 

Pero algo más, y es que en la música de los poemas parecieran derribarse todas esas distinciones entre lo interior y lo exterior, los hechos y sus versiones, para mostrarnos la cara de un país desde el habla y la imaginación de su gente, no desde un lenguaje científico u oficial, siendo este libro una crónica de los acontecimientos y los personajes más relevantes pero también de los sueños y las frustraciones de una sociedad habituada a los fracasos.

 

Pareciera que el orden lineal fuera una simple excusa, una regla de juego que podemos abolir, pues el resultado es un montón de miradas y de voces dispersas, silencios y exclusiones, olvidos y fantasmas, como si cada poema escondiera la posibilidad de un país secreto. Un país oculto que simplemente no conocíamos, o que nunca existió, como si el poema fuera la realización de las promesas rotas. Es ahí cuando la crónica de una historia se convierte en una reflexión y en un reclamo por lo que pudimos ser y ya no fuimos, por lo que fuimos y en secreto desterramos. Libro original, ilustrativo, comprueba que todavía aparecen libros que deberían estar en toda buena biblioteca.

Colombia en la poesía colombiana

Letra a letra, 2010

500 páginas

$85,000


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