Lucía Menguante

José Alejandro Cepeda reseña el disco Luna Menguante de Lucía Pulido.

2010/11/18

Por José Alejandro Cepeda

Cuando Lucía Pulido sube a un escenario despista por su menuda presencia. No importa si es grande, como cuando cantó en el festival Jazz al Parque en Bogotá acompañada de una Big Band, o si es pequeño, como su paso este mismo año por la Biblioteca Nacional junto a un guitarrista. Su dulce carácter da paso a una estremecedora voz que se dio a conocer en el dúo Iván y Lucía con tres álbumes entre 1986 y 1991, y que pasó de explorar el género de la canción en Colombia a radicarse en Nueva York, donde se convirtió en una reputada representante de la escena latinoamericana. Luna menguante/Waning moon, su último disco en el cuidadoso sello Adventure Music, por fin disponible en Colombia, es testigo de su talento para el folclor, donde la vanguardia está al servicio de la tradición y viceversa.

 

Pulido, también en maraca, guasá y cuatro, se acompaña del guitarrista Sebastián Cruz (otra de las figuras colombianas en la Gran Manzana), el clarinetista Adam Kolker, Stomu Takeishi en bajo y Ted Poor en percusión, banda multicultural que tributa costas, llanos y la memoria de Manuel Zapata Olivella en cantos de vaquería, alabaos funerarios, zafras para las cosechas o temas de despecho como “Yo no tengo quien me quiera” con un texto de Manuel Mejía Vallejo; “Tonada de luna llena” que refleja la influencia del maestro venezolano Simón Díaz; “Las cuatro palomas” de Catalino Parra con arreglos de Cruz y su viejo socio Iván Benavides (uno de los faros de la música colombiana durante los últimos veinte años) o el caribeño “Déjala llorar”. Sin embargo eso que llaman Nuevas Músicas Colombianas, donde se conjuga la sabiduría del jazz para hacer mundial lo que es local, se plasma ante todo en “María que iba en el mar”, joya del repertorio del Pacífico que recuerda que a pesar de que ésta es la costa más maltratada por nuestros gobiernos, se está convirtiendo en una nueva Caja de Pandora gracias al trabajo de los músicos de las nuevas generaciones. Esta versión logra una belleza que la hace indispensable en el catálogo reciente del país.

 

A Lucía es inevitable preguntarle por el contraste entre Nueva York y Colombia, y si lo tradicional está condenado a una nostalgia estática o a una vanguardia cerrada. Ella, además de señalar como incomparable el contexto de Estados Unidos por su velocidad, reconoce el decisivo momento de su país y aclara: “La música popular colombiana, al igual que la de otros países, está pasando continuamente por lo tradicional y lo de afuera. Es parte de su renovación y qué mejor que la tradición para realimentarla. Siempre van a existir las posiciones extremas, los que se niegan a la transformación y los que no quieren saber nada de las raíces, pero esto también forma la diversidad?. Y añade algo que caracteriza la libertad de muchos artistas contemporáneos: “No creo que la música se deba hacer para que otros la entiendan. Da igual si es tradición o vanguardia, se hace para que no muera”.

 

En todo caso está hecha para emocionar y Luna menguante toca fibras muy íntimas, a lo que ella puntualiza: “Trabajar alrededor de la música colombiana no se debe a una necesidad de reconocerme en una nacionalidad, sino de explorar un espacio cercano de riqueza infinita. Sin una intención nacionalista, de la misma manera abordo otros países como la Argentina”. Esta creatividad cosmopolita, aún no entendida por algunos, constituye el diálogo musical del futuro.

Luna Menguante

Lucía Pulido

Adevnture Music

2009, $48,900

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