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A medio siglo de carrera

José Alejandro Cepeda reseña Orekagua, el álbum de Gabriel Rondón

2010/03/15

Por José Alejandro Cepeda

El oficio de músico de sesión o acompañamiento es una de las labores fundamentales para que artistas de todos los géneros y públicos puedan concretar y disfrutar una grabación, una presentación en directo o una pista sonora destinada a la publicidad, la televisión o el cine. Se trata de músicos que suelen prestar su habilidad al servicio del talento ajeno, ayudando a construir con su experiencia y creatividad proyectos acabados lo mejor posible. En Colombia existe un guitarrista que por su amplia experiencia de más de cincuenta años merece ese título con creces: Gabriel Rondón. Conocido por tocar de sombrero y guantes, tras una larga carrera decidió publicar por primera vez un álbum exclusivo de temas propios bajo el místico título de Orekagua.

Colombia es un país muy extraño. Si bien no cuenta con un Jimi Hendrix o un Jimmy Page —que en su momento fueron músicos de sesión relevantes antes de triunfar con The Experience y Led Zeppelin—, sí ha tenido un Jimmy Salcedo. Pero Rondón puede afirmar que así como tocó con la Onda Tres de Salcedo teloneó en 1970 a Sly & The Family Stone, y que acompañó en alguna ocasión a un cantante de la talla de Plácido Domingo. Enumerar con quiénes ha colaborado dentro y fuera del país puede ser interminable. La lista inicia en 1957 con un proyecto familiar —Hermanos Rondón—, y se detiene recientemente en 2008 junto a Yuri Buenaventura. Desde cantantes como Helenita Vargas, Rosario, Martirio hasta Andrea Echeverri, pasando por Sergio Vargas, Cabas o Andrés Cepeda... Incluye proyectos para Francisco Zumaqué, o Eddie Martínez. Pasa por jingles, jurados, giras, programas de televisión como Compre la Orquesta y diez años al lado de Armando Manzanero. Es decir: un músico capaz de desenvolverse en todos los géneros populares.

Rondón, nacido en Medellín y barranquillero de corazón, en la actualidad es profesor en la Universidad El Bosque en Bogotá, donde desde hace diez años hace énfasis en la formación musical en torno al jazz. Su álbum, precisamente, es una muestra de los distintos estilos que ha trabajado en su larga carrera como guitarrista rítmico y solista desde la perspectiva jazzística, llevando en este caso al oyente a encarar desde pasajes instrumentales cercanos a la guajira, el blues, la cumbia o el bambuco, hasta boleros cantados y fusiones de música latinoamericana. El resultado, si bien no es completamente parejo y su voz se presta más para un registro íntimo, ejemplifica su estilo y versatilidad.

“En las décadas del 70 y 80 era muy difícil grabar, por costos o dependencia de una disquera. Logré hacerlo con Joe Madrid o Wallace Keyderling, pero seguí ocupado entre tareas, familia, músicos o el maestro Manzanero, así tuviera mi propio material. Poco a poco encontré el espacio y ahora que los costos se redujeron por la tecnología digital, saqué el álbum bajo mi producción y la ejecución de Kike Fernández”, comenta Rondón, quien define su aporte a la música de Colombia como un portador de la improvisación creativa, y para quien Orekagua “es el reflejo musical de toda mi vida”.

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