Ansiedad Scott Stossel Seix Barral $45.000 525 páginas

Miedo a todo, miedo a nada

Mauricio Sáenz reseña 'Ansiedad' de Scott Stossel.

2014/11/19

Por Mauricio Sáenz

 

La ansiedad acecha al hombre contemporáneo desde que se levanta hasta que se acuesta. No es una novedad decir que es el signo de los tiempos que corren y que todos, sin excepción, la sufrimos en algún momento. Sin embargo, a partir de un límite nunca bien determinado, ese miedo en ausencia de peligros inminentes alcanza niveles enfermizos. Entonces la ansiedad se convierte en un trastorno clínico, una condición capaz de hacer imposible la vida de quienes la sufren.

Scott Stossel es uno de ellos. Pero no uno cualquiera. Es el campeón de todos los tiempos en materia de ataques de angustia, fobias y similares. Vive, en sus propias palabras, zarandeado por las inquietudes: la salud de su familia, el avance de la vejez, el ruidito del coche, “por todo y por nada”. Además sufre en espacios cerrados (claustrofobia), en la altura (acrofobia), al estar lejos de su casa (una forma de agorafobia), teme desmayarse (astenofobia), odia a los microbios (bacilofobia), a volar en avión (aerofobia) y, sobre todo, a vomitar (emetofobia), para no mencionar su misterioso temor por el queso.

Pero a pesar de haber sido diagnosticado cuando era muy niño, y de que a lo largo de su vida ha sufrido ataques debilitantes y fuertes depresiones, Stossel es un periodista exitoso, editor de la revista The Atlantic, casado y padre de dos niños. Para exorcizar sus propios demonios, a la vez que para crear un espacio de solidaridad entre las víctimas, Stossel explora a fondo el fenómeno que lo ha atormentado en su libro Ansiedad. Miedo, esperanza y la búsqueda de la paz interior.

Y lo hace en nada menos que 500 páginas, no solo desde una minuciosa investigación histórica y científica (tan completa que parece movida por una secreta fobia al fracaso), sino desde su experiencia personal. Cuenta valientemente y sin dramatismos sus desventuras en tono de chiste anecdótico y con una candidez que desarma. Se trata de peripecias al mismo tiempo hilarantes y conmovedoras que comenzaron muy temprano, cuando siendo muy pequeño se aterraba cada vez que sus padres salían, convencido de que iban a morir o lo iban a abandonar.

Esas anécdotas acompañan e ilustran su empeño por desentrañar la ansiedad patológica, en busca no solo de su legado en la cultura y el pensamiento humanos, sino de su elusiva definición. Para llegar al origen de la polémica sobre su naturaleza se remonta hasta los antiguos griegos, pues mientras Hipócrates la consideraba una enfermedad del organismo, Platón sostenía que era un desbalance filosófico. Una división aún no resuelta, pues sigue existiendo en la actualidad entre la corriente psicofarmacológica y los terapeutas cognitivo-conductuales herederos del psicoanálisis de Sigmund Freud.

En el fondo, esa es la cuestión crucial: si la ansiedad es el resultado de un desperfecto biológico, o de una crisis existencial. Desde los años cincuenta ha ganado fuerza la primera hipótesis, a partir del descubrimiento no solo de drogas capaces de atacar los síntomas con algún éxito, sino de estudios que señalan coincidencias entre ellos y la hiperactividad de la glándula cerebral llamada amygdala, los bajos niveles de las hormonas serotonina y dopamina, o determinados genes.

Stossel no toma partido. Lo ha tratado todo, desde múltiples fármacos, legales e ilegales (incluido el alcohol) hasta terapias conductistas de inmersión, con resultados no siempre exitosos. Como víctima que es, se niega a descalificar cualquier opción. Pero también desconfía de la mirada reduccionista que consagra a la biología como base filosófica de la ética y el conocimiento humanos. Y se pregunta: “Si la medicación ansiolítica enmudece la ansiedad, si nos vuelve sordos a su mensaje y nos permite estar desesperados sin saberlo, ¿todo eso no embota en cierto sentido nuestra alma?”.

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