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Millones de muertos

Mauricio Sáenz reseña el libro Alemania 1945: de la guerra a la paz, del historiador inglés Richard Bessel

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

Año nuevo en Alemania. Comienza 1945 y el führer Adolf Hitler se dirige por radio a la Nación. Sin dar detalles, promete que este sí será el año de la victoria, y los alemanes, de nuevo, le creen. No lo hacen porque las noticias maquilladas que les llegan hayan logrado ocultar la evidencia de que la guerra en realidad está perdida. Ha sido más de un decenio de entregarles su destino a las palabras enloquecedoras de ese extraño personajillo que tras surgir de la nada, se fue convirtiendo en el dueño absoluto de sus vidas. Y ahora cuando el momento de la verdad se acerca nadie quiere dudar de su mensaje, por alocado que parezca. Tal vez un arma secreta, quizás un pacto de última hora, el Führer sabrá.

Sin embargo, nunca sus palabras habían sido más huecas, porque sólo diez días más tarde comenzaba la ofensiva del ejército rojo por el este. Los sueños comunes de grandeza se convertirán, casi de la noche a la mañana, en la peor de las pesadillas. Cuatro millones de soldados soviéticos se diseminaban como una mancha de aceite desde las fronteras orientales, sin que los esfuerzos desesperados de la Wehrmacht pudieran evitarlo. Por el oeste avanzaban los británicos y los norteamericanos y el pueblo germano se acercaba, sin saberlo, a vivir la derrota más aplastante de la historia moderna.

El libro Alemania 1945: de la guerra a la paz, del historiador inglés Richard Bessel, se ocupa del año en el que ese país fue arrasado por completo, su territorio dividido y mutilado para siempre, su soberanía y sus instituciones desmanteladas, y su pueblo, desarraigado, asesinado, violado, humillado y vejado como nunca antes lo había sido una nación europea. Un pueblo que desde la completa ruina física y moral protagonizaría el milagro de su recuperación.

Bessel no trata de hacer juicios de valor acerca de si ese enorme sacrificio vivido por los alemanes pudiera ser una retribución con visos de justicia por las atrocidades cometidas por los nazis. Pero deja claro cómo el pueblo germano terminó pagando masivamente su incapacidad para despertar a la realidad y detener a quien resultaría ser su gran victimario, ese líder intoxicado y delirante.

Las páginas del libro sobrecogen cuando narran las penalidades a las que fueron sometidas millones de personas ante el avance de las tropas enemigas, atrapadas entre la criminal orden de Hitler de resistir hasta el último hombre, so pena de ser fusilados, y la sevicia de los soldados enemigos, sobre todo los soviéticos, decididos a cobrar con sangre las atrocidades cometidas por los alemanes en su país. Y muestra la humillación y la desesperanza que siguieron cuando, tras la capitulación, ese país sembrado de millones de cadáveres insepultos fue dividido en cuatro sectores administrados por Estados Unidos, la URSS, Francia y el Reino Unido, cuyos soldados estaban allí como conquistadores decididos a quebrar la voluntad y el orgullo de los habitantes, no a redimirlos.

De ese desastre inenarrable, de esos millones de vidas perdidas o destruidas para siempre, surgió el milagro alemán. En opinión de Bessel ese logro que parecía imposible fue conseguido no sólo por la legendaria laboriosidad de ese pueblo, sino por la dimensión espantosa de su derrota. Los alemanes que sobrevivieron el cataclismo, bajo un control férreo de las tropas vencedoras, estaban demasiado ocupados con su supervivencia cotidiana como para pensar en redimir el nazismo. Desorientados, atrapados por una profunda sensación de inseguridad y obsesionados con dejar atrás un pasado innombrable, la destrucción a la que los abocó su líder no logró sembrar en ellos, como éste aspiraba, la semilla de la venganza. Sino la de la autocompasión y el olvido.

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