Mucho monstruo

Samuel Castro reseña "En coma" de Juan David Restrepo y Henry Rivero.

2011/05/24

Por Samuel Castro

Nunca una marranada se había visto tan bonita. Cuando comienza En coma, todo hace pensar que veremos una buena película, pues la secuencia de apertura es intachable: la cámara mostrando desde arriba una fiesta de 7 de diciembre con el fantástico esplendor de la parranda y la alegría de los barrios populares de Medellín en esa fecha, “Tabaco y ron” de Rodolfo Aicardi encajando con sobrada perfección en la escena, un ritmo de edición que llena de energía el momento y que incorpora los planos detalle de las armas que cada hombre en la rumba lleva bajo la camiseta, revelando el lado oscuro de la realidad que retrata la cinta.

 

Por desgracia, a pesar de ese inicio auspicioso, el desarrollo no logra estar a la misma altura. Y no es porque la calidad técnica o la belleza visual de la película desciendan; por el contrario, si algo hay que destacar de En coma es que nunca deja de ser cine, que jamás se va por el camino fácil (y usado por otros) de hacer televisión para la pantalla grande. Con su trabajo, Juan David Restrepo y Henry Rivero, los directores, logran cosas que por sí solas son meritorias: que las escenas de acción no den vergüenza, que Medellín parezca una locación del primer mundo, que Natalia París actúe bien.

 

Lo que falla es la historia que cuentan. Ómar es un importante miembro de una banda de sicarios, que por estar enamorado de Ilana decide abandonar su lucrativa y violenta vida. Sin embargo, meses después, cansado de las miserias que gana en un trabajo honrado, decide volver a formar parte de un golpe que acaba mal. Ómar termina encerrado en la cárcel; Cheo, su amigo y cómplice, prófugo con el botín del crimen; sus compañeros de “el parche” sin dinero para sacarlo de prisión. Ilana se ve obligada a volver a su antiguo oficio de “prepago”, para reunir lo que se necesita y devolver la libertad a su novio.

 

El gran problema de la película es el mismo de Ómar: la ambición los condena a perder lo que han conseguido. Empeñada en “ser original” y tomar riesgos narrativos, En coma nunca termina de definir cómo quiere contar su historia y extravía su rumbo. Usa el recurso del narrador externo que está escribiendo un relato (igual que en El rey) sin que haya necesidad; le da importancia a personajes secundarios que terminan siendo clichés, como la prostituta que se arrepiente de su vida o el policía pervertido que se aprovecha de la heroína; se regodea en situaciones sórdidas, como si creyera necesario escandalizar para generar impacto.

 

Para agravar el asunto, la buena actuación de algunos secundarios (Farley Velásquez, Juan Pablo Raba, Julián Román) hace más visible la inexperiencia de otros integrantes del reparto, que suenan postizos incluso con diálogos de dos líneas. Y como la película no nos dio la oportunidad de conocer a los protagonistas, de que nos importara su amor, nos encontramos más allá de la mitad de la cinta, confundidos ante lo que está pasando (el guion y la narración no logran definir con justeza el paso del tiempo en el relato), sin saber muy bien por quién preocuparnos y rogando en silencio para que ninguno de los actores vuelva a usar ese “monstruo” que está reemplazando al “parce” en la jerga popular paisa e inunda casi todos los parlamentos masculinos de En coma.

 

Así, con palabras y escenas que sobran, con falsas intrigas —si la idea era sorprendernos al descubrir que uno de los personajes queda en coma debieron escoger otro título— que se resuelven a las patadas, terminamos de ver la película con una certeza: faltó concentrarse más en la historia de amor y menos en explicar un ambiente que, al final de cuentas, ya hemos visto muchas veces; necesitábamos más príncipe y más princesa, y menos monstruos.

 

En coma

Dirección y guion: Juan David Restrepo y Henry Rivero.

Actores: Juan David Restrepo, Edgardo y Julián Román, Natalia París, Marlon Moreno, Álvaro Rodríguez.


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