Prohibido entrar sin pantalones Juan Bonilla Seix Barral $49.000 384 páginas

Muchos pantalones

Camilo Jiménez santofimio reseña la más reciente novela del escritor Juan Bonilla

2014/07/23

Por Camilo Jiménez Santofimio

Mario Vargas Llosa dice que Juan Bonilla es un escritor “astuto” y considera su novela Prohibido entrar sin pantalones “soberbia” y “excelente”. Vargas Llosa desconcierta. No solo por el asombroso hecho de que por ese libro el autor al que tan generosamente se refiere ganó el pasado marzo en Lima la recién inaugurada Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Sino también porque se equivoca, ya que en la novela del español algunas cosas fundamentales salen mal. Se trata, sí, de un experimento. Bonilla ha arriesgado todo para conseguir una mezcla entre novela, biografía y ensayo. El libro tiene incluso virtudes que lo hacen sobresalir. Pero carga terribles lastres: no engancha, carece de ambición narrativa, oscila desesperadamente entre los géneros y resulta así indeciso respecto al estilo, escaso en los detalles, frío, descolorido, lento y banal.

Probablemente venga la generosidad del nobel peruano de dos aspectos positivos. Bonilla halló un tema apasionante, inexplorado, perfecto para explotar la narración literaria. Las 380 páginas giran en torno a la vida de Vladimir Maiakovski, el impulsor del futurismo ruso, poeta ambicioso, intrépido, altanero y genial, convencido de que al poner patas arriba la literatura desataría revoluciones utópicas. Su corta existencia —se pegó un balazo en el corazón a los 36 años— bulló durante la revolución rusa y marcó la vanguardia literaria de comienzos del siglo xx. Hasta hoy, Maiakovski es objeto de rechazo o tributo, un artista para artistas, raro, oscuro, radical.

A esa elección se une un segundo logro: la disciplina investigativa y la capacidad organizativa del autor. El libro anhela ser, dicho de manera escueta, una biografía novelada de Maiakovski y su generación. Y en lo que a la biografía se refiere, Bonilla alcanza un impactante nivel de fidelidad y rigor. Cita, parafrasea, reconstruye, adorna e inventa con justicia y facilidad y, a la vez, con el cuidado de un cirujano. Así, el lector se encuentra ante una rica vastedad de temas: la vida del poeta.

Al navegar por las espesas páginas es difícil no sentirse conmovido por momentos brillantes, como cuando Bonilla parafrasea al poeta. Pero la constante durante la lectura es otra: la compasión. Cada línea refleja los esfuerzos del autor, que tardó varios años para reunir el material y componer la novela. Un intento noble, sin duda, de honrar a Maiakovski. Pero justo ahí se esfuma la fortuna de la obra. Pues, en sí, más allá de las buenas intenciones, el relato no funciona. Perdido en su calidad de híbrido entre biografía y novela experimental, decae a medida que pasan las páginas.

La historia de Maiakovski, la novela, resulta plana y agota en las primeras páginas. Bonilla falla en lo fundamental. Se pasea con versatilidad entre el comentario, la sátira, la poesía y la narración histórica, pero carece de una voz propia (a veces, incluso, parece perdido en los zapatos de Roberto Bolaño). Tiende a usar un lenguaje cifrado y a construir imágenes torpes: “Que duerma el universo colocando sobre la almohada su enorme oreja llena de garrapatas negras”. Y gusta de obviedades como la de dibujar a Lenin así: “Un hombre bajo, fornido, gran cabeza redonda y calva, mirada achinada y aviesa, boca grande y mentón pesado”. No describe lugares, y así el lector se sorprende al advertir, demasiado tarde, que ha visitado México, Nueva York o Moscú. El libro carece de brújula, pero también de psicología y ambiente. Y esto es lamentable considerando que los hechos alcanzan su clímax durante la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa. Bonilla, en conclusión, renuncia a narrar con la camisa de fuerza realista del biógrafo tradicional, y busca trascender. Pero permanece tan distante a su propia historia, que esta resulta abstracta y terriblemente monótona. “La película era divertida —escribe el autor sobre una cinta de Maiakovski—, pero espanta al público”. Algo similar podría decirse de esta novela.


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