'La voz dormida' (2011) Director: Benito Zambrano. Guion: Ignacio del Moral y Benito Zambrano. Actores: Inma Cuesta, Maria Leon, Marc Cloet, Daniel Holguin.

Mujeres con los ovarios bien puestos

Carol Ann Figueroa reseña 'La voz dormida' del director español Benito Zambrano.

2012/07/19

Por Carol Ann Figueroa.

Así define Benito Zambrano a las protagonistas de su tercera película, La voz dormida, adaptación de la novela homónima escrita por Dulce Chacón y nominada al Oscar como mejor película extranjera; mujeres que según él encarnan a la mujer latina, a la cual considera tan aguerrida y delicada como menospreciada. Una vez más, al igual que en Solas (1999) y Habana Blues (2005), Zambrano entrega las riendas de la trama a personajes femeninos, esta vez dos hermanas que durante la represión franquista hacen todo lo posible para sobrellevar unidas la brutal realidad que les ha tocado vivir. Pepita, que es tan inocente y católica como ajena a cualquier activismo político, deja su pueblo para trabajar como mucama y poder visitar a Hortensia, quien pese a estar embarazada permanece en prisión acusada de traición a la patria, no tanto por sus ideales políticos, que los tiene y defiende ferozmente, como por llevar en su vientre al hijo de un republicano.

Las escenas de sus encuentros en prisión transpiran tal emotividad e impotencia, que sobrecogen más que aquellas que retratan los juicios irregulares, los fusilamientos o las torturas, las cuales pecan a veces de obvias en su intento por recalcar la maldad de un bando y la victimización del otro. Con Pepita y Hortensia la situación es diferente, pues Irma Cuesta y María León, ganadora del Goya por su interpretación de Pepita, consiguen encarnar una hermandad tan genuina, que las ideologías en juego terminan siendo desplazadas por un visceral rechazo al sinsentido de la maquinara represiva. El sistema de visitas impuesto las obliga a encontrase junto a una veintena de mujeres separadas por un corredor enrejado, recorrido por una guardia atenta a todo lo que dicen. Todas saben que los fusilamientos son pan de cada día y que cada encuentro puede ser el último, de modo que el silencio escasea y las pausas emotivas son casi inexistentes. Hortensia y Pepita consiguen sin embargo intercambiar mensajes de la militancia, engañarse diciendo que todo estará bien, e incluso hacernos reír un poco mientras chismean sobre sus respectivos noviazgos. Más allá de las palabras, cada encuentro permanece anclado en su mirada, en esa forma sutil de gritar con los ojos todo lo que no pueden decir, pero que están seguras que la otra entenderá gracias a ese código sagrado que solo se teje entre quienes han compartido la felicidad de la infancia.

Zambrano, además de reafirmar su sensibilidad como director de actores, hace gala de su pericia para hilar el relato más allá de las palabras y construye una atmósfera tan agobiante como poética, en la que los códigos propios del arte barroco, su tenebrismo, su equilibrio y sus expresiones dramáticas, transforman a quienes la iglesia llamara “rojos ateos” en mártires, íconos de sacrificio. Muchos dirán que la película se pasa de dramática y maniquea, pues Zambrano no oculta su urgencia por visibilizar la represión sufrida por la izquierda española; sin embargo, nadie podrá decir que aquello no sucedió y no fue dramático, pues su germen no es otro que una novela escrita por otra mujer con los ovarios bien puestos, que durante dos años recorrió España grabando los testimonios de algunas de las miles de mujeres que sufrieron la represión de Franco, entre las que estaba Pepita, quien aún vive y está profundamente agradecida primero con el libro, y después con la película, por darle voz a una historia que ella tuvo que callar por más de treinta años.

Tráiler oficial de La voz dormida

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.