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Músicas y letras de la Bogotá Colonial

José Alejandro Cepeda reseña el disco de Música Ficta, Del mar del alma

2010/03/15

Por José Alejandro Cepeda

Este año coincide no solo con el año de la rata del calendario chino, sino en la historiografía occidental con el bicentenario de la intervención napoleónica a España, que desencadenó la crisis monárquica y los procesos independentistas de la América española en sus primeras juntas autónomas alrededor de 1810. Es decir, en dos años se cumplen dos siglos de efervescente historia republicana, y será tiempo para que Colombia y el resto de antiguas colonias examinen debidamente su pasado. Esto implica, por supuesto, su fase colonial, que remite en el caso colombiano al virreinato de la Nueva Granada, teniendo resonancias no solo políticas o geográficas, sino culturales. En este sentido Del mar del alma, quinto álbum de Música Ficta, proyecto fundado veinte años atrás en Bogotá para interpretar y promover la música barroca y renacentista iberoamericana, constituye una grabación importante para entender parte del pasado –al menos el musical– de nuestra nación. Y su futuro, claro está.

Música Ficta ha logrado gran acogida local (aunque no siempre cuente en casa con el apoyo para dar recitales) e internacional. Se ha presentado, por ejemplo, en la Sainte-Chapelle de París, las misiones jesuitas del Amazonas boliviano o el Victoria Concert Hall de Singapur. Las virtudes principales de Jairo Serrano, tenor, percusión y guitarra barroca; Julián Navarro, guitarra barroca y teorba; Carlos Serrano, flautas dulces, pito y tamboril; y Elisabeth Wright, clavecín, descansan, por un lado, en una debida investigación musical en Colombia, América o Europa y en el uso de recursos bibliográficos o pictóricos. Por otro, en esmeradas transcripciones, grabaciones fieles a las atmósferas requeridas y sus conciertos. La novedad de este trabajo editado en 2007, grabado en julio y diciembre de 2005 en el templo-museo San Agustín en Villa de Leyva, y el Auer Hall de la Universidad Bloomington de Indiana, es su dedicación completa al repertorio de la Bogotá colonial de los siglos XVII y XVIII. Esto implica obras de procedencia europea y americana emanadas en buena parte de la catedral y su capilla musical (fundada en 1565), que recibieron gran apoyo tras el arribo de los arzobispos Bartolomé Lobo Guerrero en 1599 y Antonio Sanz Lozano en 1687. Contrasta este auge del pasado con la enorme dificultad reciente de acceso al archivo de la catedral, lo que con uso adecuado de proyectos como Música Ficta podría potenciar más el conocimiento y difusión del patrimonio musical colombiano.

El álbum, presentado en inglés y español, incluye composiciones anónimas locales o de autores como el maestro Loayza, Gaspar Sanz, Manuel Blasco, José Cascante, José Marín o Juan Hidalgo, estos dos últimos importantes compositores individualistas del siglo XVII español y refinadores de ecos barrocos. Sin embargo, la grabación ofrece un encuentro cultural al trascender aspectos rítmicos e instrumentales indígenas en las estructuras melódicas y armónicas europeas. Existe un conducto general en torno a la música sacra, aunque las creaciones no devocionales encuentren lugar, rastreándose orígenes de aires populares. Esta tensión sincrética entre lo religioso y lo popular, el latín y el castellano, el villancico o la danza, refleja la importancia de la música en la socialización, la conversión religiosa y la apreciación del arte en tierras lejanas a las cortes originarias en una lejana ciudad llamada alguna vez, correctamente, Santa Fe de Bogotá.

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