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Jaime Andrés Monsalve reseña el disco de Robert Plant y Alison Krauss, Raising Sand

2010/03/15

Por Jaime Andrés Monsalve B.

Hubo un tiempo en el que la carrera del célebre cantante y guitarrista inglés Mark Knopfler tuvo dos vertientes paralelas y, a la vez, dos públicos completamente diferenciados. Por una parte se encontraba el carismático líder de la banda de rock Dire Straits, virtuoso del instrumento y voz reconocible de temas como “Money for Nothing”, “Romeo and Juliet” y “Walk of Life”. Por otra se encontraba el amante de la música country norteamericana, el especialista en instrumentales del género que compartió grabaciones de lo más campiranas al lado de uno de los grandes del asunto, el sureño Chet Atkins.

Con el asunto Knopfler no había matices posibles: o se era fanático del repertorio de los Dire Straits o se adoraban los requiebros instrumentales más texanos de su guitarra. Ser fanático de las dos cosas era vergonzante, cuando no anatema.

Así las cosas, el trabajo discográfico Raising Sand, que une a la joven artista Alison Krauss con el eterno Robert Plant, supondría una escisión similar. Ella, norteamericana, cantante y violinista de ese género raizal del sur de su país llamado bluegrass (en pocas palabras, una aterciopelada mezcla de blues, jazz, música celta y country); y él, de quien tan poco hay que decir como que estábamos esperando la resurrección de su voz poderosa al frente de Led Zeppelin (el milagro se nos concedió a finales del año pasado); protagonizan en porcentajes iguales lo que puede considerarse como una aventura donde ambos tienen todo por ganar.

Aventura, sí, en el sentido más amplio que quepa. A la talentosa Krauss le hacía falta el empuje de un artista archiconocido y multipremiado para dar un necesario paso hacia el llamado mainstream: del bluegrass al pop, si se quiere. Y para Plant, dechado de pericia y experiencia, el cambio de género supondrá un respiro en una carrera que indisolublemente le une a un repertorio y unos compañeros de viaje, Jimmy Page a la cabeza.

Ambos músicos coincidieron por primera vez en un concierto en homenaje a Leadbelly, guitarrista norteamericano de principios de siglo XX tan célebre por sus creaciones a ritmo de blues como por sus continuas entradas y salidas de la cárcel. Es de esperarse que ambas aproximaciones a una misma obra hayan sido radicalmente opuestas, confrontando a un Plant que nació a la música en plena época de la British Invasion con una Krauss reposada, incluso algo romántica, interesada en obtener de Leadbelly lo más armónico y sureño de su propuesta. Digamos que tanta sencillez al servicio de un sonido pudo haber flechado al inglés.

Como resultado, el equilibrio vocal logrado en Raising Sand es sorprendente. Atrás queda el Plant de los agudos amplios y los requiebros feroces que en Zeppelin eran ley (suficiente escuchar los primeros compases del clásico “Inmigrant Song” para comprenderlo), dándole paso a una extraña suavidad. A dúo, la pareja logra parajes emotivos en temas clásicos del bluegrass y en alguna que otra composición de Tom Waits y del mismísimo tándem Page/Plant. Los secundan en ese objetivo los músicos que tradicionalmente acompañan a la Krauss, con el añadido imprescindible de Marc Ribot, guitarrista camaleónico como pocos –ora jazzista, ora intérprete de son cubano, ora músico de vanguardia– y de un T-Bone Burnett tan lúcido como en sus mejores tiempos tanto en la guitarra como en la producción general.

De regreso a la aporía de Knopfler, quien espere encontrar al mismo Robert Plant de Led Zeppelin en esta propuesta podría no salir muy satisfecho. Está cantado, en cambio, que Raising Sand convencerá desde el principio a los amantes del folk con criterio. Lo mejor es no perderlo de vista, en todo caso.

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