BUSCAR:

Némesis de Philip Roth

Portada y datos de 'Némesis'.

Crítica libros

Los dilemas de Roth

Por: Consuelo Gaitán

Publicado el: 2012-11-28

En Sale el espectro, la última novela de Roth en la que aparece su célebre Zuckerman, alguien se lamentaba nostálgicamente de que la “gente antes usaba la literatura para pensar”. No cabe duda de que es esto lo que pretende Roth con su más reciente novela Némesis, hacer pensar. Durante el verano de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de Newark se desata una incontrolable epidemia de polio que ataca a niños entre los once y los catorce años. El mayor foco de contagio se da en el barrio judío en donde un joven profesor de educación física se ocupa de los niños que asisten a la escuela de verano y que por su talante, fortaleza y rectitud es una especie de héroe entre los chicos. Este profesor, modelo de ser humano (huérfano, cuida de su anciana abuela, tiene una novia perfecta, dedica el verano a formar a los jóvenes), se encuentra un día ante un dilema: sucumbir ante el miedo al contagio y abandonar la escuela de verano e irse a las montañas junto a su prometida o permanecer en la ciudad acompañando a los chicos y a las familias que han sucumbido ante esta terrible enfermedad y exponerse a la inminente posibilidad del contagio. Por supuesto, no les voy a contar la decisión que toma el personaje para no interferir en la lectura de la novela. Solo voy a anotar que esto hace pensar inmediatamente en lo que se denomina una tragedia. Según Schopenhauer “el campo de acción de la tragedia es el aspecto aterrador de la vida, ofreciéndonos el espectáculo de la miseria humana, el reinado del error y del azar”. Y así sucede con este personaje: queda bajo el dominio del azar y de la duda.

En una entrevista reciente, Philip Roth ha anunciado que esta será su última novela, que ya ha dedicado muchos años de su vida a este género y que ahora se va a ocupar en organizar sus papeles, al ensayo y a releer a sus autores preferidos. Realmente se nota que está cansado del género de la novela, pues este libro expresa grandes ideas pero con poca artesanía. Roth tiene aún mucho qué decir pero se cansó del cómo. Nos queda claro que el autor quiere sumergir al lector en reflexiones inquietantes sobre temas como el azar y la responsabilidad de cada individuo en la construcción de su propio destino, o la inminencia de la fatalidad, para lo cual escoge como protagonista a un personaje paradigmático, un poco plano y sin aristas. Pareciera que deliberadamente sacrifica la complejidad de los personajes y de los eventos para acentuar las ideas que dirigen toda la novela. Varias ideas circulan por el libro: la fatalidad, el poder del azar, la contingencia, la naturaleza de Dios (Dios el gran criminal). El personaje principal tiene una lucha enconada con ese dios judío que ha sido capaz de dejar morir a su madre cuando él nacía, que hace sufrir a hermosos niños y los deja convertidos en unos minusválidos, que se muestra indiferente ante el dolor... Muy profundas ideas para tan livianos personajes.

 Pese a esto, el lector no se puede quejar pues, aunque falta ese despliegue narrativo al que nos tenía acostumbrados Roth, no deja decaer el interés gracias a la contundencia con que desarrolla este arquetípico dilema del protagonista. Por supuesto que echamos de menos a ese Roth irónico, profundo pero lúdico, obsesionado con el sexo y la belleza, el gran amante de la literatura, pero que también nos hacía pensar. A sus setenta y ocho años Roth sostiene que la concepción de un libro es a veces muy compleja, pero que su escritura siempre es terrible, y en este la complejidad del concepto es muy superior a su forma de expresarlo. Parecería razonable que ahora Roth se dedique al ensayo que es el lenguaje natural para expresar las ideas (no se ve como filósofo), ensayos que como siempre tendrán el sello de su inconfundible estilo, pero por sobre todo las ideas que aún rondan por la mente de este insaciable escritor que ha producido una de las obras más sólidas de la literatura norteamericana de los últimos tiempos.