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Ni contigo, ni sin ti

Catalina Holguín Jaramillo reseña la más reciente novela de Doris Lessing, La grieta

2010/03/15

Por Catalina Holguín Jaramillo

Biblioteca visual es uno de los tantos juguetes que ofrece Facebook a su comunidad virtual de desocupados. Gracias a este puedo saber que 174 personas han leído La grieta, la más reciente novela de Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura, y que seis personas opinaron que el libro apesta—bueno, una mujer dijo que era un tratado feminista fácil de leer. Y ¿qué de este grupo? Pues me hizo sentir acompañada en la desgracia y me dio consuelo para seguir leyendo una novela que carece de personajes, de trama y de interés.

El narrador de La grieta es un historiador romano de la época de Nerón que reconstruye la historia de los primeros seres humanos que poblaron la tierra a partir de un misterioso cartapacio de documentos. Estos seres, las grietas, son mujeres biológicamente autosuficientes que habitan un mundo en el que los hombres ni siquiera existen. En su versión de la historia, el narrador da cuenta del extraño nacimiento del primer chorro, o varón, de las circunstancias que llevaron al desarrollo de una comunidad de hombres y otra de mujeres, y del proceso de reconocimiento y distanciamiento entre unos y otras. Esta historia, que el narrador interviene con reflexiones propias sobre su esposa, sus hijos y el imperio, es a fin de cuentas también una historia sobre la evolución de las relaciones de poder entre hombres y mujeres, sobre los roles de género y sobre la predeterminación biológica. Pues, según parece expresarlo Lessing, desde el principio de los tiempos los hombres son así y las mujeres asá.

En este mito de creación las mujeres son intelectual y físicamente flácidas, aseadoras natas, mandonas, quejetas y sexualmente pasivas. ¿Eh? Sí, y los hombres –recordemos que en esta historia no hay personajes sino tipos, o sea, ejemplos característicos de su especie–son seres despreocupados, juguetones, irresponsables, curiosos, imprudentes que nunca entienden a las mujeres y que solo las quieren para reproducir la especie y satisfacer sus “demandas sexuales”. A pesar de las diferencias, al final de la novela, hombres y mujeres experimentan una revelación originalísima: vivir juntos es difícil, pero vivir separados es imposible. Como en la canción de U2.

El problema con estos clichés y suposiciones es que dentro de la historia misma no tienen un origen, no evolucionan. A veces la autora indaga en el origen de los celos cuando surgen entre los hombres los primeros sentimientos de posesión o en el nacimiento de una religiosidad rudimentaria cuando un hombre ve morir a sus compañeros. Pero aunque Lessing pretende explorar el origen de emociones humanas tan aparentemente obvias como el amor maternal o la religiosidad, su caracterización de hombres y mujeres en términos tan rígidos solidifica nociones de predeterminación biológica. Lessing revela esta predisposición desde el mismo prólogo de La grieta cuando sostiene que “los hombres, en comparación con las mujeres, son inestables e imprevisibles” y que las mujeres “parecen estar dotadas de una armonía natural con el devenir del mundo”. Entonces, si la autora ya tenía una idea fija sobre cómo son los hombres y las mujeres, ¿para qué se tomó el trabajo de escribir una novela sobre los orígenes y el desarrollo de la configuración emocional y psicológica más básica de hombres y mujeres

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