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No habrá paz para los espectadores

Afiche de No habrá paz para los malvados.

Crítica Cine

Carol Ann Figueroa reseña la película 'No habrá paz para los malvados'.

Por: Carol Ann Figueroa
Publicado el: 2012-08-21

Seis premios Goya (mejor película, mejor director, mejor actor principal, mejor música, mejor montaje, mejor sonido) brillan como luces de neón sobre el afiche de esta película dirigida por el español Enrique Urbizu, cuyo título ofrece una promesa tan obvia que cuesta creer que no solo no la cumple sino que la contradice. Guiados por el título y los premios —esos insignificantes detalles con los que uno formula hipótesis sobre lo que va a ver— resultamos condenados a buscar infructuosamente a un ser bueno, que brillantemente le quite la paz a unos seres malos. La barba y el pelo desordenado que enmarcan el gesto rudo del protagonista —mezcla de furia y dolor— cierran con broche de oro la promesa y entramos a la sala en busca de nuestro renegado.

Pasados los primeros quince minutos, Santos Trinidad —nuestro héroe— ya se ha despachado varios tragos y cigarros, ha pasado por dos bares y sin más motivo que una mezcla de alcohol y algún esquivo trauma de infancia, ha matado a tres colombianos que se niegan a atenderlo porque él llega a su bar cuando ya están cerrando. Como antes de disparar tuvo a bien informarle a sus víctimas y a nosotros que es un policía, no tenemos más remedio que especular y pensar que si este es el bueno, entonces deben de ser malísimos los malvados, o que este malo es en esencia bueno sino que no se le nota.

La carismática interpretación de José Coronado, junto con la atormentada fotografía y la atinada musicalización, sumadas al reto de entrar en contacto con la bondad del oscuro héroe, serán la únicas razones para no abandonarlo, pero lo cierto es que no hacerlo es más bien mérito de la paciencia, pues es tal la inconsistencia (o quizás vale decir inexistencia) de cada uno de los giros de la trama, que todo lo demás, fotografía, música incidental, arte, coprotagonistas, etc., queda puesto al servicio de algo así como una película de género en la que no vemos nada más que el género mismo. Esto es todo lo necesario para un muy buen thriller policíaco, excepto unas buenas pistas, un móvil claro, un caso por resolver.

Dado que mientras disparaba como un loco en el bar, Santos no contó con que en la oficina del segundo piso alguien lo estaba observando, y teniendo en cuenta que al descubrirlo intenta infructuosamente detenerlo, suponemos que el resto de la película se le irá en perseguir al testigo y eliminarlo, pero una vez más nos equivocamos. Santos no solo dejará escapar un par de veces a quien podría incriminarlo, sino que se dedicará a descubrir la vasta red de delincuencia a la que pertenecían sus víctimas, la cual no solo junta lo mejor de los clichés sobre el crimen organizado (narcotraficantes colombianos que tienen tratos con terroristas musulmanes a punto de dar un gran golpe), sino que además lo acerca cada vez más a la juez que investiga su caso, esto es, lo cerca cada vez más a delatarse.

Así, sumando incoherencia estupendamente filmada tras incoherencia estupendamente filmada, llega un punto en el que poco o nada nos importa la suerte de Santos Trinidad, y cuando lo vemos caer agotado sobre una silla, con la mirada perdida en el horizonte, sosteniendo su pistola apenas con el dedo índice, entendemos que —dadas las claves del género— deberíamos conmovernos y sentir que nuestro héroe se ha sacrificado para expiar sus culpas, pero lo cierto es que nos resulta imposible creernos el cuento y estamos más bien agradecidos de que se enciendan las luces y los créditos rueden, pues los únicos malvados que perdieron la paz (y la confianza en los Goya) hemos sido nosotros.

Tráiler de No habrá paz para los Malvados. Director: Enrique Urbizu