Noticias del alma

Consuelo Gaitán reseña La mujer de Andros de Thornton Wilder.

2010/06/22

Por Consuelo Gaitán

La historia de la Mujer de Andros es triste y muy hermosa. La presencia de una talentosa y bella hetaira en una isla griega de la época helénica genera entre sus habitantes una gran incomodidad e inquietud. Una sociedad cuya esencia es la semejanza y cuya fortaleza reside en blindarse contra cualquier influencia foránea, no podía menos que inquietarse ante la presencia de una mujer que exhibe su independencia y libertad con la dignidad de quien ha sabido sobreponerse a la exclusión propia de este entorno patriarcal e inamovible. Ser mujer y extranjera en el mundo griego es no ser nada. La opción que toma esta mujer de privilegiada educación, para quien el “mundo del amor, la virtud y la sabiduría era el mundo verdadero”, es atenuar esta ‘indiferencia’ del mundo y ganarse la vida organizando los denominados ‘banquetes’. Conocemos la institución del banquete o simposio por la famosa obra de Platón en la cual la figura de Sócrates se destaca como el maestro de la argumentación y el arte de filosofar sobre diversos tópicos, en este caso, sobre el tema del amor. Alrededor de una mesa llena de manjares y bebidas se reúnen jóvenes, hombres exclusivamente, para intercambiar opiniones sobre diferentes temas y para gozar de la oratoria, la filosofía o las artes en general. La Mujer de Andros, Críside, “ponía un empeño infinito en esas reuniones, y a sus maravillados huéspedes se les antojaban realmente el súmmun del ingenio, la elocuencia y la gracia aristocrática. Los grandes oradores son tales que no conocen sus propios pensamientos hasta que, arrastrados por su don, los oyen brotar de sus labios”.

Completamente sola, con la pesadumbre de saber que “no somos necesarios para nadie”, Críside, quien se comunicaba con sus huéspedes a través de fábulas, citas literarias, adagios y sentencias, se reprochaba a sí misma no ser capaz de doblegarse ante al amor (“es una cobardía por mi parte no ser capaz de querer a la gente más que cuando la acabo de conocer”), no encuentra más consuelo para este hastío vital que intentar comunicar una preciosa intuición: “quiero decirle a alguien... que he conocido lo peor que el mundo podía hacerme y a pesar de todo lo celebro a él y a todas sus criaturas”.

Hermoso personaje. No podemos evitar pensar que este es un pequeño homenaje a famosas hetairas como Aspasia, quien fuera la compañera de Pericles, contertulia de grandes filósofos y encarnación del talento y la sabiduría de mujeres que se abrieron paso combinando la belleza con la espiritualidad y dando más luminosidad a una época en donde el conocimiento era el máximo valor. Qué gran contradicción: idealizamos una época floreciente en artes y filosofía, que aspiraba a la perfección física y espiritual y, sin embargo, excluía de estos goces a la mitad del género humano y mantenía la execrable institución de la esclavitud.

Es extraño que no se lea más a Thornton Wilder, cuya Los Idus de Marzo es otra portentosa novela histórica sobre los últimos días de Julio César: narración en forma epistolar, comunica tal vivacidad de la mentalidad romana, transmite con tal sutileza el sentido de lo cósmico en lo cotidiano que casi logramos entender la grandeza de quienes condensaron en sí mismos lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Interesante que esta nueva editorial española (451) haya rescatado esta pequeña joya de Thorton Wilder, el único escritor que ha recibido tres veces el Premio Pulitzer, uno de los cuales fue por otra inolvidable novela que ocurre en el Perú del Siglo XVIII, El Puente de San Luis Rey.

La mujer de Andros

Thornton Wilder

Editorial 451, 2007

123 páginas $46.000

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