RevistaArcadia.com

Paisaje con familia

La película 'Nuestra hermana pequeña' de Hirokazu Koreeda tiene un extraño magnetismo: lograr convertir el tópico en revelación. Una reseña de Pedro Adrián Zuluaga.

2017/04/22

Por Pedro Adrián Zuluaga

Pierde el tiempo quien busque en Nuestra hermana pequeña el placer de la “gran historia”, un estudio profundo de personajes o algún tipo de desvío formal y narrativo. La película del japonés Hirokazu Koreeda sucede ante nuestro ojos de manera tan previsible como los cambios de estación o el florecimiento de los cerezos. Las tres hermanas protagonistas son solteras y comparten una vieja casa familiar donde viven sin sus padres, que las han abandonado. En el entierro del papá, al comienzo de la narración, las jóvenes conocen a una media hermana y deciden invitarla a vivir con ellas. Todo el devenir de esta familia que se fractura y se recompone a cada paso está anunciado de forma tan clara que la atención se desplaza de la información a la sensación. Solo si se permite ese movimiento, el espectador salva la experiencia.

Sugerir que es una película de sensaciones no equivale a promover la falsa disyunción entre obras para pensar y obras para sentir. Al contrario, Nuestra hermana pequeña propone, gracias a la hábil composición de cada plano y a la esquemática arquitectura emocional de todas sus escenas, un viaje de la imagen bella al concepto, de la sensación al entendimiento. Sus temas —el abandono, la familia, la tradición, la repetición heredada de padres a hijos de los mismos errores— son tan universales y están tan recortados sobre un fondo de lugares comunes que necesariamente nos interpelan e implican. Ese es el extraño magnetismo de esta película: lograr convertir el tópico en revelación.

Y ese milagro lo consigue Koreeda también por la confianza y suficiencia con que se mueve en sus propios códigos culturales. Nuestra hermana pequeña desarrolla sin limitarse una veta dominante en la cultura japonesa: la emotiva defensa de la tradición y el consciente rechazo al progreso. Quienes piensen que eso es reaccionario deberían repasar la experiencia histórica del Japón moderno y su condición de laboratorio de experimentación de la praxis científico-tecnológica-militar (desde la bomba atómica hasta la hipertecnificación de la vida). En un país sacudido por esas fuerzas y poderes desintegradores, el arraigo en el pasado y las tradiciones es una estrategia política de supervivencia que restituye simbólicamente la humanidad destruida.

En Nuestra hermana pequeña resuena un vívido sentimiento de fascinación por la belleza, pero a la vez, de melancólica conciencia de su fugacidad, que alcanza su paroxismo al final, en las imágenes de los fuegos artificiales. Koreeda nos muestra una vida ritualizada en cada detalle. Estas liturgias cotidianas se sostienen en una profunda raíz psíquica: son una suerte de conjuro para evitar que la vida se desparrame en el caos, como esa materia acelerada por la ciencia y el progreso cuya imagen más trágica es la bomba atómica.

Igual que en las películas de los también japoneses Yasujiro Ozu y Mikio Naruse, referentes que se repiten en los análisis del cine de Koreeda, en Nuestra hermana pequeña la familia es esa contención indispensable para no perderse en lo indeterminado. Allí, en esos hogares sacudidos por las tensiones y los cambios, se escriben el destino y el carácter de cada ser humano. Eso explicaría las personalidades tan delineadas de cada una de las tres hermanas. Solo así, nítidas, atrapadas en el encuadre y decididamente artificiales, pueden sugerir un orden, así sea el provisorio y artificial de la representación fílmica. El esquematismo quizá se deba menos a una huella que sobrevive del material original adaptado por el director (un manga japonés llamado Umimachi Diary), que a una intrínseca necesidad de la película. Regular, a través de los tópicos y las convenciones, la deriva de cada personaje, para protegerlo de su disolución. ¿No es ese el mismo mandato que, con su régimen de vigilancia y control, ejerce sobre cada uno de nosotros la familia? Definir el lugar que ocuparemos en un paisaje cuyos códigos han sido decididos de antemano.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.