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Nuevos vientos de análisis

José Alejandro Cepeda reseña ¿Lo que el viento se llevó?.

2010/03/15

Por José Alejandro Cepeda

Y resulta que los partidos políticos en Colombia, después de todo, son importantes. Al menos interesantes. A pesar del desprestigio, como instituciones que sirven de puentes entre la sociedad civil y el Estado no han perdido su justificación teórica, lo que ha provocado una tendencia a volver a entenderlos. Se parecen al malo de la película que al final se hace un poco bueno, o al menos se le reconoce algo positivo. Más allá de aciertos o errores, parece revalorarse el que para toda democracia representativa no son por completo descartables.

Dentro de esta corriente, Francisco Gutiérrez ofrece un libro en que reflexiona partidos y democracia desde 1958 a 2002. Es decir, desde el Frente Nacional hasta nuestros días, en un esfuerzo por abordar una perspectiva más amplia, que no necesariamente (aunque la incluya) estanque el análisis causal a la alternancia bipartidista pactada, o tenga que partir una vez más sobre la Violencia política de mitad de siglo pasado. Mejor, pretende aprovechar ese pasado para entender la Colombia que se decanta hacia el nuevo milenio. Y la pregunta es clara: “¿En qué sentido el vertiginoso huracán de cambios sociales de las cuatro últimas décadas, que arrancó de cuajo a la Colombia tradicional, hizo inviable la vieja política liberal y conservadora?”.

La respuesta, más allá de la crítica, implica aceptar que por encima del ideal los partidos han existido. Aunque es un texto académico, por momentos la prosa se hace densa por la excesiva reiteración, obliga a ordenar primero los presupuestos teóricos de los autores citados (sobresale un revalorado Duverger) para atar mejor la argumentación central, pero cualquier interesado puede sumergirse con paciencia o directamente entre diez ensayos. Tal vez los mejores aportes estén en el capítulo 7, en las luces al proceso de fragmentación del sistema de partidos tras la Constitución de 1991, cuando al pretenderse la mayor representación posible y limitar el bipartidismo tradicional heredado del siglo XIX, se hizo posible vía electoral la emergencia de partidos pasajeros, listas dispersas y figuras mal llamadas “antipolíticas”, que hasta donde sabemos como todo político –aún sin partido– han perseguido el poder. Situación que se quiso superar con la Reforma Política de 2003, recalcando lo que Sartori llamaría sistema de partidos fluido, es decir, uno nuevo aún no institucionalizado. Esos son los vientos del debate a futuro, expresados hoy en la presencia de Álvaro Uribe, que proveniente de los partidos triunfó con y sin ellos, condicionando al tiempo la supervivencia de las tradicionales fuerzas liberal y conservadora al centro. A lo que se asoma una nueva cara al espectro ideológico: la izquierda democrática, representada por el Polo Democrático Alternativo. Si este sistema institucionaliza unos partidos fuertes o al menos mejores alrededor de un pluripartidismo moderado, se podrían enfrentar los fantasmas que advierten estas 518 páginas, y tener un escenario representativo claro para una etapa postconflicto.

¿Lo que el viento se llevó? Sí, lo ido pero también lo que estaría por llegar. Ahí reside el desafío, porque más allá de un sistema presidencial o de una arquitectura institucional que tendiese a un modelo parlamentario (sin perder el contexto histórico de cada caso, anotaría el politólogo Dieter Nohlen), los partidos seguirán siendo necesarios. El complemento de una democracia participativa y el de organizaciones que no persiguen el voto existe. Pero ya lo decía Leslie Lipson en 1969: “Los partidos son en un Estado democrático el punto donde convergen todas las fuerzas políticas”. “Para bien o para mal”, recuerda Gutiérrez. Ojalá para bien en Colombia. Su libro ayuda a definir ese reto.

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