RevistaArcadia.com

Odiosos

Eduardo Arias reseña el segundo disco de Odio a Botero, Kill the cuentero

2010/03/15

Por Eduardo Arias

Para comenzar, el nombre de la banda es genial. Con lo difícil que es ponerle un buen nombre a un grupo... y ellos dieron en el blanco, en pleno boom de la Donación Botero. Pero ahí no para todo. Odio a Botero, que en principio es un grupo punketo/hard core, también parece burlarse de ese cliché (o, en el caso de ellos, lo que sería un corsé) al que no se apegan para nada. Porque en sus canciones exploran diversos géneros, que van desde el propio hard core hasta el reggaetón balada.

En este álbum, el segundo de su discografía (que también incluye el EP Lechonería Manson), sacan a relucir todo su arsenal de sarcasmo y crítica, casi siempre amparada en el humor y casi nunca en el panfleto. La banda la integran Carolina Cantor (voz dulce), René Segura (voz paila), Jaime Angarita (guitarra y noize), Alejandro Pinzón (bajo) y Ernesto Santos (teclado y guitarras), y de la producción se encargó Iván Benavides. Esa mezcla de voz dulce y voz paila, apoyada en una base musical sobria y muy sólida que a ratos recuerda a los Pixies, les da mucha contundencia a sus textos. Muchas veces resulta más contundente una voz dulce y suave que otra exacerbada.

Y, a diferencia de la norma que hermana a tanta banda metalera que denuncia las atrocidades del Estado y sus fuerzas de seguridad a punta de madrazos y gonorreas a diestra y siniestra, en este álbum Odio a Botero utiliza un lenguaje muy apropiado incluso para audiencias infantiles. Salvo un hp que le dedica la muy dulce voz de Carolina a los cuenteros, el arsenal de diatribas se basa ante todo en frases muy ingeniosas que parodian o se burlan del regionalismo cursi, de la filosofía rastafari, de las canciones políticas estilo Sympathy for the Devil de los Rolling Stones, el reggaetón... Ejemplos: “Cali es Cali y lo demás no es Cali”. “Yo tampoco maté a Galán/ estaba en Soacha pero comiendo una almojábana” (ambas frases son de la canción “No importa”). “From san Andresito Island to Unicentro ?Babylon/ Babylon debe caer/ pero no encima de mí” (“Unicentro Babilón”). “Si a Daddy Yankee le quitas las cadenas/ debajo de tanta ropa seguro nada queda (...) Te rodeas de muchas nenas no te voy a mentir/ acordate de a todas ellas pagarles la quincena” (“Daddy Yankee”). “Quiero comerme el cerebro de Einstein en un caldo” (“Hiroshima Nagasaki”).

El álbum, además, trae el himno de Odio a Botero, en el que claman por el odio, la anarquía y la destrucción, pero lo interpretan con el mismo entusiasmo constructivo que caracteriza a una comunidad cuando interpreta un himno nacional o de iglesia.

El libreto que acompaña el disco y donde están escritas las letras es, en realidad, el número cero de la revista 048, donde también informan acerca de un país llamado Orland, una respuesta a la orfandad y el hastío que les provoca esa patria que nada les ofrece llamada Colombia. “La República de Colombia no nos ha ofrecido nada y no le debemos absolutamente nada. Un terreno carece de significado si es vacía su esencia”, proclama Orlando I de Orland en su carta abierta a los huérfanos de patria.

Una buena manera de conocer más a fondo esta nueva etapa de la banda, que incluye revista y país virtual, es navegando por la página web http://www.odioabotero.org Y como es muy poco probable que el disco suene por la radio comercial, la mejor manera de oírlo antes de comprarlo es en el apartado de descargas de la página web.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.