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Operación Dragón

Ritual Union. Little Dragon.Peacefrog, 2011.$17.000 (en iTunes)

CRITÍCA MÚSICA

Felipe Restrepo reseña 'Ritual Union' de la banda Little Dragon.

Por: Felipe Restrepo Pombo.
Publicado el: 2012-01-18
Ritual Union, el tercer disco de la banda sueca Little Dragon, parece un tesoro perdido de otro tiempo. No es una grabación como tantas otras que inundan el mercado: discos, en su mayoría, diseñados para ser vendidos y descargados de manera fragmentada. Ritual Union tiene una rara cualidad: cada una de sus canciones tiene el potencial de ser un éxito individual y, al mismo tiempo, es un discurso total.

Esta banda se formó en Gotemburgo en 1996, pero durante sus primeros diez años juntos no quisieron grabar ningún material. Se dedicaron a ensayar con paciencia, hasta depurar su estilo. Esta extensa preparación dio sus frutos. Sus dos primeros discos, Little Dragon (2007) y Machine Dreams (2009), fueron recibidos con entusiasmo por la crítica y el público. Después vinieron colaboraciones muy exitosas. La primera de ellas fue con Gorillaz, con quienes grabaron las canciones “Empire Ants” y “To Binge” —del maravilloso Plastic Beach (2011)— y fueron teloneros en su gira por Australia, Nueva Zelanda y Hong Kong. Después colaboraron con Dave Sitek, de Tv on The Radio, en un proyecto llamado Maximum Balloon. Por todo lo anterior, su tercer álbum era esperado con ansiedad.

Y nadie quedó decepcionado. Desde su lanzamiento, en julio de 2011, Ritual Union llenó las expectativas del público independiente y vanguardista, pero también del mainstream. Hay algo en su sonido que lo hace entrañable y complejo a la vez: tal vez por eso complace a un público tan amplio. Medios especializados como Paste Magazine y Rolling Stone lo ubicaron en lo más alto de sus listas de lo mejor del año.

En Ritual Union no falla una sola pieza del engranaje. Erik Bodin, Fredrik Källgren Wallin, Håkan Wirenstranddrummer y la sensual Yukimi Nagano, los integrantes de la banda, lograron un equilibrio envidiable donde nada sobra ni falta. No hay elementos innecesarios: todo da la impresión de estar en el lugar correcto y la economía de recursos es un gran acierto. Los suecos, en general, son famosos por el rigor de su diseño —y por sus pésimos grupos de pop—. Eso se nota en la producción: la atención a los detalles es sobresaliente. El sonido de la banda —que algunos críticos han catalogado como pop electrónico— es, a primera vista, minimalista. Pero está lleno de pequeñas sorpresas: la melodiosa voz de Nagano —que le da un poco de sofisticación japonesa—, los toques de jazz, las referencias a la música Disco, la diversión del funk y los cambios repentinos de ritmo. Acerca de la voz de Nagano, por cierto, el crítico Andrew Perry escribió en el Telegraph: “Es Sade, Björk, Marvin Gaye y Santigold, todos juntos en un mismo extraordinario paquete”. Otro dato curioso sobre la cantante: dicen que el nombre del grupo es, en realidad, su apodo, quien se comporta como “un pequeño y furioso dragón” sobre el escenario, según sus tres compañeros.

Aunque todas las canciones valen la pena, “Ritual Union”, “Little Man”, “Shuffle a Dream” y “Crystalfilm” son las joyas: en ellas está concentrada la excéntrica identidad musical de este álbum. Pero, como decíamos al principio, el disco se disfruta más si se escucha de principio a fin como una sola pieza. Con este trabajo, Little Dragon se pone al lado de grandes bandas, como The Knife, Architecture in Helsinki, Hot Chip y The XX, que han logrado crear un sonido único y refrescante a través de la mezcla de elementos clásicos con la vanguardia electrónica.

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