Pedro Adrián Zuluaga.

Esos cuerpos que importan

Qué oportuno el estreno de 'Oscuro animal' ahora que el debate político en Colombia se polariza más de lo habitual y donde faltan miradas que muestren los hechos históricos con sus génesis, transformaciones y desgastes.

2016/09/29

Por Pedro Adrián Zuluaga

Qué oportuno el estreno de Oscuro animal ahora que el debate político en Colombia se polariza más de lo habitual y donde faltan miradas que muestren los hechos históricos con sus génesis, transformaciones y desgastes. La primera película de ficción de Felipe Guerrero es una pieza de impecable factura visual y sonora sobre tres mujeres reducidas por la guerra pero nunca derrotadas; con su polifonía de gestos, miradas y desplazamientos de los personajes, Oscuro animal elude la representación inmediatista u obscena de los cuerpos víctimas de la violencia, que prolifera en narrativas visuales o literarias. Y, en cambio, los muestra atrapados en una red de violencias y miedos.

En sus primeros documentales, Guerrero frecuentó temas como la ruina y el desecho. Paraíso quiso contar una historia del país a través de imágenes sobrevivientes desde 1948; el archivo visual interesa aquí por lo que descarta y reprime. El montaje, guiado por relaciones poéticas entre las imágenes, revela silencios en la escritura de la historia: la imagen muestra pero también esconde. Guerrero cuestionó así la presunción de sobriedad del género documental. A la utopía del cine como prueba de la realidad (la capacidad de la imagen fotoquímica para mostrar y demostrar), respondía con escepticismo. En la era digital, un gesto vanguardista de este director y montajista es trabajar en formatos como Super-8 y 16 mm para conservar una relación material con la imagen, y sospechar mejor de ella. En 16 mm realizó el también documental Corta: el trabajo de los corteros de caña en el Valle se expone no con un discurso sociológico o político, sino mediante el paso por los planos de objetos, lugares y, sobre todo, cuerpos. Sin explicaciones ni relato.

Los cuerpos, sin embargo, tienen una historia. Los de Oscuro animal son resultado de la producción de ruinas y cuerpos desechables que toda violencia trae consigo. Las tres mujeres huyen para recuperar lo que el entorno les robó: la capacidad de decidir sobre sus movimientos. En esa voluntad de convertirlas en cuerpos que importan, la película toma riesgos. ¿Por qué no pueden hablar? ¿Para qué estilizar cada plano hasta crear especies de instalaciones? ¿Hay una mirada exotista sobre un mundo que perturba para neutralizarlo y que entre “traducido” a la conciencia?

Esta es una película sólida a la que se le pueden hacer estas preguntas sin degradarla. Se trata de dilemas del cine colombiano desde que se exigió, varias décadas atrás, construir la voz de los desposeídos. Frente a qué uso darle al lenguaje, por ejemplo, se ve que las respuestas no han sido unívocas. Algunos, como Víctor Gaviria, creen que en el lenguaje está la visión del mundo de los subalternos. Lenguaje que agrede las buenas maneras de la élite letrada para quien moralidad y pureza de la lengua son lo mismo. Para otro cine, más contemporáneo, el cuerpo periférico se expresa mejor en sus cantos y bailes, en su silencio atemorizado, con la autenticidad desafiante del actor no profesional.

Desde esta última orilla, Oscuro animal emite su aullido. No es un documental ni trabaja con actores naturales. Es autónoma como representación artística de una guerra basada en la exclusión y la producción de diferencia. La película habla con sus decisiones, así como las imágenes revelan siempre mucho de lo que ocultan. La mirada cerebral de Oscuro animal es un síntoma de las contradicciones de nuestro cine, casi siempre paternalista y patriarcal, que quiere encontrar lo que nos une más allá de clases o géneros. Guerrero ve que eso común son los cuerpos y que allí existe la posibilidad de sentir al unísono. Y la paradoja de un director tan racional es que crea una ilusión de comunidad. Buena parte del público se lo agradece, porque el cine es sobre todo emoción y sentimiento. Otros extrañamos la palabra, el lenguaje que trae de regreso la diferencia (ese monstruo, ese animal). Pues hablando es como nos tenemos que empezar a entender.

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