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Pacho Galán: El rey del merecumbé

Russell Farnsworth reseña Pacho Galán: El rey del merecumbé de Adlai Stevenson Samper Editorial La Iguana Ciega, 2006 160 páginas

2010/03/15

Por Russell Farnsworth

Ya existía una estupenda biografía de Lucho Bermúdez, su colega y a veces rival: Maestro de maestros, escrita por José Arteaga. La figura de Pacho Galán reclamaba, desde hace rato, un documento de la misma altura. Con el libro de Adlai Stevenson queda saldada esa deuda. Ahora sólo falta, para equilibrar, que alguien investigue la vida de Edmundo Arias, ese tercero cuya música no es menos interesante.

Pero a lo que vamos: Pacho Galán merecía una investigación así de completa porque, en la leyenda de la música tropical colombiana, siempre se mencionaban las similitudes con Bermúdez y nunca habían sido tan claras las diferencias. Después de leer el libro, uno oirá de manera distinta esas clásicas grabaciones y sabrá distinguir entre el estilo de Carmen de Bolívar y el de Soledad del Atlántico.

Una anécdota resume estos conceptos. Pacho Galán graba la primera versión de “Ay, cosita linda” en Medellín en 1955, pero queda descontento. Al año siguiente le confiesa a su baterista, Pompilio Rodríguez, lo siguiente: “¡Oye, Pompilio! El merecumbé que me grabaron en Medellín... ¡Eche! Esa vaina sabe a porro, a cartagenero”.

Pompilio trabaja entonces en un nuevo arreglo y produce una versión más cercana al jazz. La primera queda como rareza del sello Sonolux. La segunda, publicada por Tropical (hoy parte del catálogo de Discos Fuentes) le da la vuelta al mundo. Es que antes estaba, en palabras del maestro, “mal sincopada”. La rivalidad entre orquestas de porro y merecumbé no era violenta, pero sí ingeniosa. El éxito de “Ay, cosita linda” en 1956 promueve una respuesta de Lucho Bermúdez cuyo estribillo dice: “¿Qué ha pasado con el porro que ahora es merecumbé?”

Ya desde las primeras páginas, este libro nos cuenta que Galán solía encargar a Estados Unidos las partituras de Tommy Dorsey, “y las que no se conseguían, Pacho las sacaba del disco”. Ese nexo con el jazz puede comprobarse en la escucha de la versión grabada por Nat King Cole en 1958: los arreglos son casi iguales; la diferencia está en la voz y el inconfundible acento de Cole: “Anochei, anochei soñé contigou”...

Y la biografía sigue, explorando la creación de otros ritmos que fueron menos populares (¿Alguien recuerda hoy el tuqui-tuqui, el jalaíto o el mecemece?), la aventura de crear su propia disquera (Pachito Records) y la experiencia de grabar el primer disco en estéreo que salió en Barranquilla (Estereofonía).

No hay un orden cronológico estricto en Pacho Galán: El rey del merecumbé, lo cual dificulta las cosas cuando se usa como texto de consulta. En cambio, la lectura desprevenida se verá bien sazonada con flashbacks y un estupendo archivo fotográfico.

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