Paisaje sin figuras

Samuel Castro reseña Somewhere de Sofia Coppola.

2011/03/30

Por Samuel Castro

Cuando acaba Somewhere no se puede evitar ser malpensado. Porque el desconfiado que habita dentro de nosotros tiende a creer que el León de Oro que esta película ganó en Venecia en 2010, es producto del noviazgo entre su directora, Sofia Coppola y el presidente del jurado, Quentin Tarantino.

 

No hay mejor explicación para un reconocimiento tan valioso a un filme que a pesar de intentarlo con decoro, nunca termina de contar una historia, lo que a esta altura de la carrera de Coppola va convirtiéndose en su triste marca de estilo. Desde su segundo largometraje, Lost in translation pasando por aquella versión roquera y supuestamente transgresora de María Antonieta, ambas bendecidas por un sector de la crítica, la directora ha hecho del sentimiento de abulia de sus protagonistas, de la sensación de que sus personajes no van a ninguna parte, el foco de su narración. En este caso, la historia se centra en Johnny Marco, un actor de Hollywood muy famoso, que se pasea como un autómata por su propia vida, en la que el sexo, el lujo y las fiestas, están a su disposición casi sin hacer esfuerzo.

 

Lo único que conecta a Marco con la realidad “normal” para el resto de los mortales, son las visitas de su hija Cleo, con quien debe “actuar” un poco el papel de padre de familia: llevarla al entrenamiento de patinaje (aunque no recuerde hace cuánto que ella practica), invitarla a comer, jugar una partida de tenis en Wii. Gracias a la actuación suave y llena de gracia de Elle Fanning, que se ríe con una sinceridad asombrosa de lo que dice su papá, los mejores momentos de la cinta son cuando ambos comparten la escena. Nos conmovemos cuando vemos a Cleo llorar porque su mamá se ha marchado por unos días sin decirle cuándo volverá, o cuando Johnny comprende que quiere estar más tiempo con su hija, y toma la juiciosa decisión de… llevarla a Las Vegas a apostar juntos en la ruleta.

 

Pero no hay más sustancia en esta historia. Como pasa con su propuesta de fotografía, una luz glacial, un frío helado se siente durante toda la trama, llena de momentos muertos (en uno tenemos que soportar varios minutos la imagen de Johnny cubierto por un engrudo con el que se hacen máscaras de maquillaje) que nos llevan a pensar que la mejor manera que encontró Coppola de contarnos las desgracias de una vida aburrida, es hacer una película aburrida.

 

Sin Cleo, sin el amor filial que logra iluminar el guión (literalmente incluso, en la escena en que ambos toman el sol y los rodea un halo de luz celestial, en la piscina del hotel), lo único que nos queda es la idea, contada otras veces y de mejor manera, de que las vidas en las que se tiene todo, entrañan serios problemas. Pero ver una caja de pastillas contra la alopecia en el baño, y hacer que Johnny eche de su cuarto a una mujer con ganas de diversión que lo esperaba desnuda en su cama, para que no la vea su hija, no es propiamente la forma más profunda de hacerlo.

 

Puede que sea eso. Como pasa a veces, de tanto aceptar halagos de la crítica y estatuillas de premios en todo el mundo, Sofia Coppola ha terminado por convencerse de que realmente es tan profunda e inteligente como dicen. El problema es que no hay nada más insufrible que aquel que se jacta de sus cualidades, cuando no las tiene. Y a Somewhere, le sobran minutos y le faltan ideas. Acelera sin razón en un final que no se compadece del ritmo pausado del resto de la cinta y carece completamente de ese no sé qué que algunos llaman alma y otros, gracia.

 

Los cuadros de paisajes son lindos, pero poco memorables cuando no hay nada más que ver en el horizonte. En Somewhere, parece que la directora y guionista quería darnos un paseo por una geografía que conoce bien, pero sin saber adónde quería llegar.

 

Somewhere

Dirección y guión: Sofia Coppola, 2010

Actores: Stephen Dorff, Elle Fanning, Chris Pontius.

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