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Para la inmensa minoría

Guillermo Gaviria reseña Para la inmensa minoría de Álvaro Castaño Castillo Taurus, 2006 256 páginas

2010/03/15

Por Guillermo Gaviria

No podría entenderse esta colección de comentarios sin acudir a la historia de la emisora HJCK, que fue fundada el 15 de septiembre de 1950 como una radio privada orientada a divulgar los temas de la cultura en Colombia y el mundo. A lo largo de sus 56 años, la emisora ha mantenido este propósito, incluso cuando, hace un año, las dificultades financieras asociadas con la operación de una emisora para la “inmensa minoría” la llevaron a salir del aire y pasar a internet.

Una selección que reúne cerca de un centenar de los comentarios realizados por Álvaro Castaño en la “Revista dominical” de la HJCK se publica bajo el título Para la inmensa minoría. La particularidad de estas notas está muy bien definida por el ex presidente Betancur, en el prólogo, cuando señala: “Todas están escritas como desde una ventana, por alguien asomado al tiempo que, diestramente, sabe ver eso que define el instante de que da cuenta”. ¿Y de qué ha dado cuenta Castaño en estos 56 años de historia de la HJCK? Por su ventana han desfilado la radio cultural y sus dificultades financieras; los lugares imaginados y reconocidos que hacen parte de sus reseñas de viajes, en especial “su” París; la preocupación por el maltrato a los animales, “los esclavos del hombre”; y sus relaciones con numerosos personajes. Lo interesante es que la mayoría de estos últimos se encuentra bastante distante en el tiempo y, sin embargo, aparece cercana a una mirada que se recrea en lo picaresco y anecdótico. Es así como Da Vinci se presenta como músico y cocinero; Juana de Arco e Isabeau de Baviera, entrando a la historia de Francia a lomo de sus caballos blancos; el compositor Guillaume de Machaut, a los 64 años, acompañado de su “dulce dama pura” de diecinueve, Péronne d’Armentières; Benvenuto Cellini, con sus “vicios innombrables”; Ninon de Lenclos, “la cortesana de las cortesanas”; Kiki de Montparnasse, la que tenía “absoluta conciencia de cada centímetro de su bello cuerpo”; Amadeo Modigliani, muriendo en un hospital de caridad alcoholizado y su compañera embarazada lanzándose de un octavo piso al conocer la noticia; Chopin, el de la cara de “yo no fui” y su gran amor Maria Wodzinska; Judith Gautier, la última dama en quien Victor Hugo posó “su cansada mirada de viejo verde”. Y por supuesto, en un lugar privilegiado, dos mujeres: Leonor de Aquitania, su amor intemporal, y Gloria Valencia, “la mujer más bella de su tiempo”, con quien después de sesenta años continúa “apagando la luz a la misma hora”.

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