Pasaje ¿a dónde?

Alberto de Brigard reseña "Duermevela" de Melba Escobar.

2010/09/11

Por Alberto de Brigard

En el núcleo de la historia de Duermevela, la primera novela de Melba Escobar, está la muerte del padre de la protagonista; la autora escoge la bonita palabra del título para caracterizar el período inmediatamente posterior a esa desaparición, cuando se mezclan el pasado y el presente, los recuerdos y la necesidad de decidir la ruta que se quiere transitar en el futuro. Se trata, por tanto, de una típica novela de aprendizaje, que se inscribe en una larguísima tradición de debuts literarios con relatos intimistas, en donde lo autobiográfico es un componente dominante. Cuando se escoge una opción tan transitada, el escritor se enfrenta al reto de que su historia, que para el lector será apenas uno más entre muchos libros análogos, se convierta en algo especial. Las vías para lograr esa diferenciación son diversas: grandes novelistas consiguen imprimir un aura propia a hechos corrientes gracias a una visión o un lenguaje inusuales, otros crean personajes particularmente entrañables o bien caracterizados, otros, en fin, evocan tan vívidamente el momento o el lugar en que transcurre la historia que nos comunican la sensación de que compartimos su espacio o su tiempo, por distantes que estos sean.

 

Tristemente, aunque Duermevela no es una mala novela, no se destaca en ninguno de esos aspectos. El cuento está bien narrado, tiene un lenguaje agradable y cuidado, y aquí y allá hay destellos de que la narradora podría sacar más provecho de su buen ojo para captar aspectos sorprendentes de lo cotidiano: ella ve “pies anchos como los de un hombre prehistórico, pesados, seguros, incapaces de trepar”; recibe de las monjas una educación que la convierte en “una persona falsa, irascible y con delirios de grandeza, pues me enseñaron que tenemos la culpa de todo lo malo que pasa”; sabe que las tortugas “cargan su propia cruz a donde van”. La escritura fluye y no se quiebra con las abruptas transiciones que arman la historia: entre Bogotá y Barcelona, entre el presente y el pasado, entre la vida de la protagonista y la de sus padres; sin embargo, por momentos el estilo abusa del recurso, aparentemente muy de moda, de convertir los párrafos en una ininterrumpida sucesión de frases cortísimas, como si la conciencia, en lugar de fluir, brincara en un solo pie.

 

Quizá lo que más se echa de menos en esta novela es un buen desenlace. No en el sentido de un hecho sorprendente que cierre la historia como con un estruendoso golpe de timbal, pero sí en el de alguna indicación en el tono de las reflexiones de la narradora que nos sugiera que la persona que nos habla en la última página difiere en algo de la que encontramos en la primera. Si falta esa resolución, todas las reflexiones del libro sobre la pérdida, sobre las maneras de afrontar el luto, sobre cómo se alborota en las mujeres la eterna pregunta de si tener hijos o no, pierden vitalidad y terminan siendo eminentemente literarias o, lo que es peor, lugares comunes. Duermevela tiene un final demasiado abierto, con muchos cabos sueltos; quedan cosas importantes por decir.

 

Por otra parte, es paradójico que los protagonistas de una novela tan evidentemente basada en las vidas y sentimientos de seres de carne y hueso resulten, en últimas, un poco genéricos, y acartonados. A la protagonista, a su padre o a los personajes de su entorno no esperamos encontrarlos en la calle, sabemos que están en otros libros, en artículos de periódico, o en historias recientes de la política y las instituciones colombianas. 

 

Melba Escobar presentó su novela en circunstancias prácticamente ideales para un escritor que empieza su carrera. Respaldada por un sello editorial con poder avasallador sobre los medios de comunicación y en el marco de una Feria del Libro notoria por la pobreza de novedades interesantes, con seguridad su libro tuvo la visibilidad necesaria para llegar a un buen número de lectores. Muchos de ellos quedamos a la espera de lo que pueda crear en el futuro una autora que tiene condiciones para ofrecer una lectura agradable, con ideas interesantes, pero que en esta ocasión no redondeó una historia con el vuelo necesario para lucir sus cualidades narrativas.

 

Duermevela

Melba Escobar

Planeta, 2010

168 páginas, $36.000

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