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Paso en falso

Alberto de Brigard reseña la novela de Soledad Puértolas, Cielo nocturno

2010/05/20

Por Alberto de Brigard

Las novelas de iniciación o de aprendizaje son un rico filón en la tradición de la narrativa y muchos novelistas principiantes acuden a ellas para lanzarse a las traicioneras aguas del mundo literario. Soledad Puértolas no es de ninguna manera una debutante. Es una escritora reconocida que ha incursionado con éxito de público y crítica en muy variados géneros: la novela, las memorias autobiográficas, el ensayo y la literatura juvenil; varias de sus obras han merecido premios prestigiosos. De ahí que una de las primeras curiosidades legítimas del lector de Cielo nocturno sea preguntarse por qué la autora optó por esta forma particular de relatar, creando un personaje que debe tener muchísimo de ella misma: al fin y al cabo se trata de una mujer que va a al colegio y a la universidad más o menos en la época en que lo hizo Puértolas (la segunda mitad de los años 60), que vive en una ciudad que comparte muchas características con la Zaragoza natal de la escritora, que evalúa la idea de dedicarse a la literatura...

Una posible respuesta es que la autora quisiera aprovechar las ilimitadas posibilidades de este género de novelas para explorar las posibles formas de transformación de un personaje. Esto no se logra. La voz de la protagonista permanece invariable, a pesar de que la autora afirma una y otra vez que ella y quienes la rodean —sus compañeras de colegio, sus profesoras, sus novios— cambian con el paso del tiempo. Terminamos de leer la obra sin saber muy bien cómo la niña tímida del colegio de monjas y la adolescente con inciertos intereses políticos que inicia sus estudios universitarios se convierten en la persona que más tarde recuerda sus años formativos.

Otra posible aproximación para comprender la razón de ser de esta novela es pensar que intente mostrar a los lectores, no el mundo interior de un personaje, sino una visión más o menos crítica de la época y el ambiente en que transcurre la historia. Para ello Puértolas acude al recurso del narrador advenedizo, quien tiene acceso accidental a grupos sociales relativamente excluyentes, en los que participa legítimamente, aunque no encaje del todo en ellos. La niña de la historia viene de un hogar más bien pobre, pero está becada en un colegio privado, de manera que tiene simultáneamente acceso a las fiestas elegantes en las que sus compañeras estrenan vestidos y al muy proletario taller de modistería donde una amiga de su madre los confecciona. Esta ambivalencia también aparece en las numerosas referencias a contactos indirectos con la prestigiosa familia Moraleda de la que, a fin de cuentas, solo llegamos a saber que fue una familia tradicional de la ciudad y que, como todas las familias grandes, tiene ovejas de todos los colores. La protagonista vive en una época en la que se empezaba a hacer insostenible la contradicción entre lo retrógrado y soporífero del régimen franquista y los vertiginosos cambios en las sociedades de otros países europeos, pero, por ejemplo, los episodios de la novela que se refieren a su participación en el sindicato de estudiantes o al enfrentamiento con su padre por motivos vagamente políticos, son superficiales, poco convincentes y quedan truncos en el desarrollo de la historia.

Llegados a este punto, se empiezan a agotar las conjeturas. Tal vez sea mejor concluir que Cielo nocturno es un paso en falso de una escritora hábil, que no contiene mucho más allá de una sucesión de incidentes simplones y no logra arrastrar al lector al mundo personal de la protagonista ni ofrecer una mirada medianamente iluminadora sobre los tiempos en los que le correspondió vivir.

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