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Pecados de guerra

Juan Carlos González reseña la última película del canadiense Paul Haggis, En el valle de las sombras

2010/03/15

Por Juan Carlos González

El canadiense Paul Haggis es un guionista veterano, pero no siempre la experiencia equivale a sabiduría. Sus guiones recientes más comentados, Golpes del destino (Million Dollar Baby) y Crash —el primero dirigido por Clint Eastwood y el segundo por él mismo— contaron con los favores de la academia de Hollywood, pero vistos a la saludable distancia de los años resultan ser historias manipuladoras, que apelan al sentimentalismo, al efectismo y a los golpes bajos para impactar al espectador susceptible. De su trayectoria hay que destacar, eso sí, la labor que hizo de nuevo para Eastwood en sus dos películas sobre Iwo Jima, La conquista del honor y Cartas desde Iwo Jima, donde mostró la honestidad que les faltó a las otras dos películas mencionadas. ¿Ya dije que fue el guionista de Casino Royale? Como se ve, también puede y sabe divertirse. Parece ser que sus problemas empiezan cuando quiere que sus películas tengan algún mensaje, para adoptar entonces un dudoso tono mesiánico que termina jugando en su contra.

Luego de debutar como director con Crash y ganar el Óscar a mejor película, guión y edición, venía la dura tarea de realizar —ante las expectativas altas de la industria— su segundo largometraje. La historia, según se nos cuenta, se basa en hechos reales y surge de un artículo del periodista Mark Boal, Muerte y deshonor, publicado en Playboy. Haggis escribió el guión y se lo mostró a Clint Eastwood, quien lo sometió a la Warner, donde obtuvo luz verde.

En el valle de las sombras (In the Valley of Elah), con su simbólico nombre bíblico original, narra la historia de un veterano de Vietnam, Hank Deerfield (Tommy Lee Jones), a quien le informan que su hijo Mike, que regresó de combatir en Irak, está desaparecido. Aprovechando su experiencia previa como policía militar, trata de colaborar con la investigación que emprende una detective, Emily Sanders (Charlize Theron), y el propio ejército. Hasta aquí voy a contar el argumento. Pero el lector puede anticipar una crítica a la guerra de Irak, a la política exterior norteamericana, a los efectos mentales de la guerra, a la deshumanización y a la degradación que un conflicto como estos implica y produce. Todo esto desde la óptica simplista y sesgada de Haggis, que sabe siempre dónde apretar las clavijas para conmover al público.

Pero esta vez hay algo que diferencia a esta película de sus obras previas y la hace digna de ver: Tommy Lee Jones. El gran actor texano logra aquí una caracterización intachable como un hombre digno, impasible y patriota, que lentamente va descubriendo —con enorme dolor y gran resignación— cual es la raíz de las circunstancias que llevaron a la desaparición de su hijo, cual son esos pecados de guerra de los que el propio Mike no estuvo exento. El filme captura con propiedad la melancolía callada que emana de este hombre estoico, que ve como los valores en los que siempre ha creído se van desdibujando, al punto de desmoronarse, y en esa caída atropellar y segar vidas. El rostro arrugado y silente de Tommy Lee Jones es un lienzo perfecto para expresar todo esto de una forma más efectiva que el más febril de los discursos antibelicistas que al director se le hubiera ocurrido.

Haggis tuvo mucha suerte: contó con un señor actor que, rodeado por fortuna de gente que no disuena (Susan Sarandon, Charlize Theron, Jason Patric), logró convertir esta convencional y predecible película en una exhibición más que notable de fortalezas histriónicas.

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