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'Pensar el siglo XX' de Tony Judt

Portada y datos de 'Pensar el siglo XX' de Tony Judt con Timothy Snyder.

Crítica libros

El canto del cisne

Por: Mauricio Sáenz
Publicado el: 2012-10-30

Durante meses, sus alumnos sabían que no podían contar con el historiador Timothy Snyder los jueves en la tarde. Nada ni nadie le distraería de esa cita entre el verano del 2009 y el invierno de comienzos del 2010. En las primeras oportunidades su anfitrión lo esperaba en la puerta, pero pronto debió hacerlo en su sillón. Es que su maestro Tony Judt, uno de los intelectuales más famosos de las últimas décadas, tenía esclerosis lateral amiotrópica, una enfermedad degenerativa que avanzaba vertiginosamente.

Según cuentan en el libro, Judt ya no podía trabajar con las manos, pero su mente conservaba su lucidez, por lo que Snyder le propuso una fórmula perfecta: charlarían hasta agotar los temas. Snyder grabó las conversaciones, las editó y se las pasó a Judt para que las revisara. Falleció en julio del 2010, algunas semanas después de terminar el trabajo. Tenía sesenta y dos años.

El resultado es Pensar el siglo XX, una especie de autobiografía y testamento del autor inglés, hecha cuando ya su proyecto de escribir una magna opus final se había vuelto impracticable. Para el lector resulta una invitación a entrar a ese domicilio neoyorquino a presenciar un diálogo postrero en el que Judt cuenta su historia, que empieza casi cincuenta años antes de nacer, cuando sus abuelos polacos comienzan el periplo que los llevaría a Gran Bretaña en 1903, y termina en Estados Unidos, donde el autor de la magistral Posguerra se afinca tras una vida de nomadismo físico e intelectual. Snyder, lejos de ser un simple entrevistador, orienta los temas que, sin embargo, parecen brotar con la facilidad de una charla entre amigos.

Todos los capítulos comienzan con una época de la vida del historiador, que sirve para entrar en su visión, siempre contraria a los postulados del poder. Nacido en 1948, su prolija educación, que comienza en Cambridge, ilustra, por ejemplo, el ambiente inglés de su juventud, cuando un judío de clase media baja podía acceder a las universidades de élite. Su paso por los kibbutz es el germen de su acerva crítica a la Israel de hoy. Su período en Francia le da pie para evaluar el papel del socialismo de Leon Blum. Y su tardío descubrimiento de Europa Oriental, que lo lleva a vivir a Praga y aprender checo, lo conduce a su fascinación por la forma como el liberalismo sutituyó exitosamente al nacionalismo étnico.

De ese modo, aparecen los puntos de vista que lo hicieron controvertido y famoso. Su desencanto por el sionismo lo lleva a afirmar que “en los próximos años Israel va a devaluar, socavar y destruir el significado y la utilidad del Holocausto, reduciéndolo a lo que mucha gente dice ya que es: la excusa para su mal comportamiento”. Y su mirada independiente le permite definir al pecado intelectual del siglo XX, el de justificar la muerte de miles en función de la historia. Una infamia cometida no solo por los fascistas o los comunistas, sino por los norteamericanos, como cuando Condoleezza Rice, sin ruborizarse, dijo que las muertes inflingidas por Israel al invadir Líbano en el 2006 eran las contracciones del parto de un nuevo Oriente Medio.

Como era inevitable, Judt no deja por fuera su apasionada alarma ante el mundo que vivimos hoy, defiende el consenso social demócrata de la Europa de la posguerra y destruye las bases del reagan-thatcherismo que lo reemplazó justo cuando el comunismo dejaba de ser una amenaza. Hoy, dice con dolor, todas las certezas de empleo, salud, cultura o un retiro digno han sido reemplazadas por un miedo omnipresente que recuerda al de la preguerra. Por ese camino, Judt sostiene que el mayor conflicto del siglo XX no se dio entre la libertad y el totalitarismo, sino en cuanto al papel del Estado. Y recuerda con nostalgia los años posteriores a 1945, cuando reformistas liberales “forjaron Estados fuertes, altamente impositivos y activamente intervencionistas que reemplazaron la política del miedo por la de la cohesión alrededor de propósitos colectivos”. Paz en su tumba.