Pobre diablo, una biografía de Satanás. $57.000

Pobre diablo, una biografía de Satanás, por Anderson Benavides

Al diablo lo que es del diablo

2013/05/17

Por Anderson Benavides

Decía Goethe que Dios era “muy poco dramático, porque con una persona no se puede hacer nada”. Quizá ahí se encuentre la razón por la cual logró retratar un Mefistófeles digno de considerarse como la máxima expresión de ese personaje que durante tantos siglos ha cargado sobre sus hombros los males que azotan al mundo: el diablo. A simple vista es de este mismo individuo, de Satanás, de quien se ocupa Henry Ansgar Kelly, filólogo y demonólogo adscrito como docente a la Universidad de California, en su libro Pobre diablo, una biografía de Satanás.

“El desafío es Este –plantea Ansgar Kelly en una especie de advertencia preliminar–: ¿se cree en el Satanás de la Biblia o en una figura inventada a partir de interpretaciones erróneas de la misma Biblia?”. Ahí mismo da comienzo a un largo recorrido por aquel libro sagrado para tratar de demostrar que la segunda proposición es la más cercana a la realidad.

Así pues, es en el Génesis donde halla la primera prueba de su tesis: no se menciona allí la caída de los ángeles, que debió darse antes de la transformación del diablo en serpiente; rescata la aventura de Balaam con su burra necia y parlanchina; saca de Job un demonio que le solicita autorización a Yavé para tentar al hombre que da nombre al libro; da cuenta en Zacarías de cómo el malvado ángel acusa al profeta Josué; y refiere cómo el mismo ángel sugiere a Yavé que pruebe la fe de Abraham pidiéndole el sacrificio de su hijo Isaac. Es, en suma, la manifestación de que en todo el Antiguo Testamento el diablo no pasa de ser un ministro de armas de Dios, cuya misión se reduce a patrullar la tierra y corregir a los hombres que la pueblan.

La conclusión que saca del Nuevo Testamento es la misma, aun cuando el carácter del personaje en cuestión alcance allí una dimensión más relevante: tentador de Jesús y sus apóstoles, titular del alma de Judas, dueño del corazón estafador de Ananías, animador de la cobardía de Pedro y usufructuario del gobierno del mundo.

Puesto en claro entonces que en ningún libro sagrado deja Satanás de ser un “vicario general de Dios”, y que no hay ninguna relación entre él y la serpiente del Edén, encuentra el autor en los primeros padres de la iglesia a los culpables de distorsionar su imagen y trazar el camino para convertirla en la que hoy se encuentra arraigada en el pensamiento popular. Justino es señalado de ser el primero en identificarlo con la odiosa culebra; Ireneo, de hacerlo caer del cielo por envidiar al hombre; Orígenes, de llevarlo al piso por su orgullo; Agustín, de empujarlo por querer equipararse con Dios; Tomás de Aquino, de volverlo incorpóreo y arrendatario del alma humana. De ese modo llega a las vidas de los santos más conocidos de los siguientes siglos y repasa algunas de sus conversaciones cara a cara con el maligno, a las invocaciones, a los exorcismos y a las diferentes formas humanas que este ha adoptado para hacer pecar a los espíritus puros que por ahí va encontrando.

El libro es, en síntesis, un ataque a los intérpretes de la biblia, a quien Ansgar Kelly no vacila en llamar “traficantes de la historia”; un intento de “lograr la reconstrucción de la biografía original de Satanás y demostrar que fue sustituida por la nueva biografía de Satanás”. Pretensión que, a decir verdad, resulta un tanto absurda cuando se toma como referencia un libro como la Biblia y las aventuras de un personaje estrictamente literario, que si algo ha logrado es adaptarse a las distintas modas narrativas de los tiempos en que se han descrito sus hazañas, y darle vida a cientos de biografías arbitrarias que, por la salud de la literatura, sería deseable que se siguieran escribiendo, independientemente de si se le ubica dentro de una serpiente o dentro de una doncella. A fin de cuentas, la risa del diablo seguirá siendo siempre la misma.

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