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Poesía completa: Porfirio Barba Jacob

Juan Felipe Robledo reseña Poesía completa: Porfirio Barba Jacob Prólogo de Fernando Vallejo FCE, 2006 392 páginas

2010/03/15

Por Juan Felipe Robledo

Fulgía en mi ilusión Acuarimántima”. Este verso imaginativo y musical, nostálgico y lleno de luz podría ser una de las divisas de la extraña y honda vida de Porfirio Barba Jacob, ese poeta de hallazgos intemporales y desgarramiento existencial que le ha ofrecido sueños y música verbal a los lectores de poesía en Colombia y México, sus dos patrias, por tantos años.

Su Poesía completa, editada por el Fondo de Cultura Económica en un libro austero y hermoso, con prólogo y notas de Fernando Vallejo, vuelve a poner sobre la mesa la vigencia y el poder expresivo de una poesía cargada de todo el fasto verbal del Modernismo y que –al mismo tiempo– le permitió a nuestra poesía apropiarse de algo que percibíamos como nuestro y que no había nombrado, una vivencia que se afirma con verdad en la aérea palabra del poeta que desea permanecer en el recuerdo de los otros gracias a una honestidad humana sin fisuras, capaz de convocar escondidas músicas que estaban aguardando para hablar de dolor y anhelo, añoranza de un tiempo devastado y turbios días y noches sin sosiego que le dieron hondura a sus versos.

Poeta del exceso expresivo, de la música convocada en las palabras, de versos lapidarios y rotundos, gustador de los límites y el arrebato, Barba Jacob fue capaz de pasearse por la tradición de la lengua con gracia, mostrando cómo la vida de cada hombre tiene un momento de quiebre que le da su valor propio, la capacidad de hacernos vislumbrar un mundo de aciertos y errores que no cesan para la voracidad de un alma sin sosiego, y su afán de perfección formal, su lirismo hondo, nos llegan como un ramalazo que aúna vivencia y reflexión en estas páginas escritas por un hombre que previó el recorrido de su existencia en un poema emblemático para los lectores de poesía en Colombia:

Futuro

“Decid cuando yo muera... (¡y el día esté lejano!): / soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento, / en el vital deliquio por siempre insaciado, / era una llama al viento...

”Vagó, sensual y triste, por islas de su América; / en un pinar de Honduras vigorizó el aliento; / la tierra mexicana le dio su rebeldía, / su libertad, su fuerza... Y era una llama al viento.

”De simas no sondadas subía a las estrellas; / un gran dolor incógnito vibraba por su acento; / fue sabio en sus abismos –y humilde, humilde, humilde– / porque no es nada una llamita al viento...

”Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales, / que nunca humana lira jamás esclareció, / y nadie ha comprendido su trágico lamento... / Era una llama al viento y el viento la apagó”.

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