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Por buen carril

Eduardo Arias reseña Encarrilados, el último disco de Septófono

2010/03/15

Por Eduardo Arias

Hace dos años, en la velada final del Festival del Mono Núñez de 2005, Septófono ganó en Ginebra, Valle, el gran premio Mono Núñez en la categoría vocal. Esta agrupación de Bucaramanga, que combinaba un trío vocal masculino con cuatro instrumentistas, recordaba con su puesta en escena, su trabajo vocal y algunas pinceladas de humor a Les Luthiers. Dos años después, ya fuera de concurso, el grupo regresó a Ginebra para promocionar Encarrilados, su nuevo álbum, y en los diversos conciertos en que participaron se hizo evidente un gran progreso en sus arreglos y el manejo de los recursos vocales y sonoros.

El grupo lo dirige el pianista y arreglista Rubén Darío Gómez. Los tres cantantes son José Luis Rodríguez, John Alexander Ortiz (tenores) y Bernardo Enrique ‘Kike’ Mesa (barítono). Carmen Alicia Jaimes toca la flauta, Fernando Remolina el tiple y Jaime Andrés Lizarazo el bajo.

Septófono ha innovado en la música andina colombiana, pero no lo ha hecho a partir del uso de instrumentos inesperados o de exploraciones armónicas y rítmicas complejas. Su trabajo se centra más en el manejo de la voz y en poner los instrumentos al servicio de esa idea.

La banda surgió en 2004 como resultado de la fusión de un proyecto de un dueto liderado por Rubén Darío Gómez y un coro a capella. Ambas formaciones estaban interesadas no solo en la música andina colombiana sino también en el bolero y otros géneros, presentes de una u otra forma en Encarrilados: jazz, bossa nova, música venezolana, así como la influencia de agrupaciones como los ya citados Les Luthiers y Vocal Sampling.

De hecho, uno de los temas más exitosos de este nuevo álbum de Septófono es la versión que hicieron a capella de “La cartera”, de Carlos Vives y Andrés Castro, en la que varios de los integrantes de la banda imitan el sonido de los instrumentos de acompañamiento en el mejor estilo de esta agrupación cubana.

En “Los trenes”, un bambuco que compuso especialmente para ellos el maestro Gustavo Adolfo Rengifo, recrean el sonido de las locomotoras no solo con las voces sino también con frascos que llenan de agua hasta lograr el tono indicado, el golpe seco en las cuerdas del tiple y los sonidos que saca de su flauta Carmen Alicia Jaimes y que imita el sonido de los ejes sobre la carrilera.

El humor está presente en su repertorio. Ya sea porque interpretan temas de evidente corte surrealista como “Después que me olvidé de ti”, de Héctor Ochoa (el mismo de “El camino de la vida”).

En “Voy a hacerte un bambuquito”, de Carlos Morean y Álvaro Serrano, se burlan de los clichés propios de los textos rurales de los bambucos tradicionales y le ofrecen a la amada un bambuquito que no hable de corpiños ni de veladas de aguardiente, que a rincón seguido le ofrece luna de miel con habitación con jacuzzi y comida internacional.

Este álbum refleja la manera tan cuidadosa como encaran sus búsquedas, pues a ellos no les queda nada fácil mantenerse en la tradición y, a la vez, explorar las riquezas rítmicas y sonoras de los estilos musicales que tanto les gustan. Tal vez el secreto para lograrlo sea, precisamente, la sobriedad en sus arreglos. Aunque los músicos son excelentes intérpretes de sus instrumentos, estos suenan lo mínimo necesario para realzar el trabajo vocal en los temas que así lo requieren. Pero en este álbum dejan espacio a los músicos para que le den rienda suelta a su talento en el tema instrumental “Otra silbadita”, escrito por Rubén Darío Gómez.

Como se trata de un disco independiente, conseguirlo no es fácil. En Bogotá lo distribuye Tango. La página web del grupo es www.septofono.com.

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