¿Por qué Kafka se volvió vegetariano?

Rodrigo Restrepo reseña "Comer animales" de Jonathan Safran Foer.

2011/06/23

Por Rodrigo Restrepo

Cuentan que Franz Kafka posó la mirada sobre las peceras iluminadas del acuario de Berlín y dijo: “Ahora al menos puedo miraros en paz, ya no os como”. ¿Qué llevó a Kafka a convertirse en vegetariano?, se pregunta Jonathan Safran Foer en su último libro: Comer animales. Quizás fue esa extraña intuición que nos asalta ante la presencia animal: una confusa mezcla entre la vergüenza y el olvido. Tendemos a olvidar las vidas de los animales tanto como nos dedicamos a reprimir y ocultar nuestra naturaleza animal. Y sin embargo, como lo sabía el praguense, a veces nos despertamos sintiéndonos aún simples insectos. Somos y no somos animales.

 

Comer animales es la tercera entrega de Foer, quien necesitó apenas dos novelas y 34 años para convertirse en escritor de culto y llevar su obra al cine. Entre el reportaje literario, la reflexión filosófica y la autobiografía novelada, Foer despliega en esta obra una destreza narrativa poco usual, además de una profunda capacidad para tocar las fibras más íntimas de nuestra contemporánea humanidad. Con profunda compasión y feroz agudeza, nos lleva desde las historias de su abuela, una judía que sobrevivió al holocausto comiendo basura, hasta sus aventuras detectivescas en granjas de pavos a mitad de la noche. En el fondo, nos propone un viaje hacia los orígenes de nuestros hábitos alimenticios: los mitos que sostienen nuestras costumbres carnívoras y los rituales que nos enlazan con la comida. Y también hacia nuestros mortales olvidos: las desgarradoras historias del interior de las granjas porcinas o de los mataderos industriales, y la sistemática aniquilación del mundo marino.

 

Comer animales pertenece a esa nueva generación de lanzamientos literarios con tráiler en You Tube y una elegante página web. Antes de su publicación era ya un best seller garantizado, con reseñas en el Times de Londres, Der Spiegel y el New York Times Magazine. Natalie Portman escribió en el popularísimo sitio de noticias Huffington Post que Comer animales la había trasformado de una vegetariana común y corriente en una vegana activista. No era de extrañar que desde su lanzamiento en el 2009 generara apasionados debates en Estados Unidos y Europa.

 

Y es que el tema de comer animales tiene algo que provoca la polarización y la incomodidad. Las frecuentes actitudes defensivas que genera nos indican que es un tema importante. ¿Por qué? Porque como lo sospechaba Kafka, la cuestión está íntimamente ligada a la intuición de lo que hoy significa ser humano.

 

“La carne está vinculada con la historia de quiénes somos y de quiénes queremos ser, desde el libro del Génesis a la última factura del supermercado. Propone significativas cuestiones filosóficas y es una industria que factura más de 140 mil millones de dólares al año y que ocupa un tercio de la tierra del planeta, da forma a los ecosistemas de los océanos y podría definir el futuro del calentamiento global”.

 

Foer tomó una decisión para su vida y la de su familia: volverse vegetariano. Y al mismo tiempo se alza como un defensor de las granjas sostenibles que garantizan una vida feliz y una muerte digna a los animales para consumo humano. No pretende catequizar. Sabe muy bien que nuestra relación con la comida no es algo racional. Pero sabe también que, justamente por esa razón, debemos ir hasta el fondo y traer esa confusa relación a la luz. Gústenos o no, comer animales implica para nosotros y para todos los seres que nos rodean una elección ética y vital: una elección de vida o muerte.

 Comer animales

Jonathan Safran Foer

Seix Barral, 2011

432 páginas

$46.000

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