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Por un rasguño

Alfonso Cuéllar reseña el nuevo libro del periodista Juan Carlos Giraldo, De rasguño y otros secretos del bajo mundo

2010/03/15

Por Alfonso Cuéllar

Ante el frenesí noticioso que arrasa diariamente a Colombia, es inusual el periodista que se tome el tiempo de escribir un libro sobre sus experiencias o conocimientos. Por eso, muchas veces se quedan sin contar en el detalle y la necesaria pausa, historias que reflejan nuestra no tan alentadora realidad. O dicho de otro modo: que le ponen luz a ese mundo oscuro y sin esperanza que muchos de nosotros no nos imaginamos ni hemos vivido. El de la mafia, el de la prostitución, el de los asesinos en serie, el de la limpieza social. En fin, el mundo que no queremos para nuestros hijos, pero que está allí, vivito y matando.

Ese es posiblemente el mayor aporte del nuevo libro del periodista Juan Carlos Giraldo, el jefe de información judicial de Canal RCN: De Rasguño y otros secretos del bajo mundo. De una manera desgarradora nos describe la vida sin futuro de una prostituta pereirana. Nos devuelve a uno de las actos terroristas más impactantes de los últimos veinte años –la bomba en el avión de Avianca– y con una prosa sencilla relata cómo decisiones tan crueles se adoptan con una facilidad increíble. Quedamos perplejos y mortificados con la confesión de un hombre que durante doce años fue jefe de una secta satánica, que dentro de sus múltiples actividades, sacrificaba niños, y aterrados al saber que hay muchos otros como él. Ni hablar del asesino y violador de decenas de niñas pequeñas que, gracias a la reconocida y tan admirada eficacia de la justicia colombiana, fue liberado y anda por allí.

Esta sumatoria de historias individuales no están allí al azar. Giraldo ha buscado con ellos hacer un retrato de la Colombia que ha conocido durante sus varios años como periodista judicial.

Por eso es lamentable que la historia que se vende en la título –Rasguño– sea tan pobre comparada con el resto del texto. Es una confesión a medias de un narcotraficante que para la gran mayoría de los colombianos es un don nadie. Es entendible: después de Pablo Escobar, los Ochoa y los Rodríguez Orejuela, cualquier narco suena igual. Es evidente que Giraldo y la editorial quisieron aprovechar la coyuntura –Rasguño estaba en las primeras páginas y en los noticieros– para sacar el libro. Se nota el afán. A diferencia de la mayoría de los otros capítulos, las descripciones son superficiales y priman los lugares comunes y las exageraciones. “El capo de capos, el último rey de la droga en Colombia”, dice en uno de sus apartes. ¿Y dónde quedan entonces los otros llamados capos de capos: Don Diego Montoya y William Varela?

También carece esta historia de un elemento fundamental: el contexto. Está escrito para los expertos en narcos y no para un lector desprevenido. No es posible distinguir entre Rasguños, Chupetas, hombres del overol, ni deducir del texto la importancia de Luis Hernando Gómez Bustamante (Rasguño). Igual ocurre con el capítulo sobre el cadáver de José Chepe Santacruz. Se habla de la guerra a muerte entre los carteles de Medellín y Cali, pero al no explicarlo, al asumir que el lector es un ducho en la mafia, esa historia queda coja.

Pero, afortunadamente, el libro de Juan Carlos Giraldo es algo más que el cuento de unos capos. Sáltese si quiere esos capítulos, con las otras historias humanas hay más que suficiente para estremecerse.

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