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Remakes caseros

Juan Carlos González reseña la última película del director francés Michel Gondry, Originalmente pirata

2010/03/15

Por Juan Carlos González A

Las películas cinéfilas, donde el cine mismo es protagonista, pertenecen a una categoría autónoma, difícil de juzgar con objetividad. El espectador cómplice se ve inmerso en un juego de referencias, homenajes, guiños y evocaciones irresistibles del que no puede escapar con facilidad, buscando una distancia apenas saludable a la hora de juzgar un filme que ha hecho del propio cine el centro de su historia.

Eso ocurre (o por lo menos eso me ocurre a mí) con Originalmente pirata (Be Kind Rewind, 2008), el más reciente largometraje del francés Michel Gondry, el afamado director de videos musicales, ahora en su cuarta incursión en el mundo del celuloide. Gondry había logrado merecida notoriedad con sus trabajos para Massive Attack, los Rolling Stones, Björk, The White Stripes y un muy extenso etcétera de artistas cautivados por la calidad exhibida en sus videoclips, provistos de una creatividad visual que parece ilimitada.

Su paso al cine ha sido menos fluido. Sus dos primeros largometrajes contaron con el concurso del muy talentoso guionista Charlie Kaufman y eso se tradujo en una película notable y redonda: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004). Pero al irse Kaufman —deseoso de otros rumbos y de una carrera autónoma como director— es probable que Gondry haya pensado que le era posible construir una historia exclusivamente con su talento visual. El resultado fue la decepcionante La ciencia de los sueños (La science des rêves, 2006), llena de ideas sugerentes, pero sin un hilo conductor narrativo que las llevara a buen puerto.

Vuelve ahora a fungir como guionista y director, pero ya la lección está aprendida. Originalmente pirata tiene otro tono, quizá uno aparentemente más convencional, con una línea narrativa definida que apela a la nostalgia cinéfila para relatarnos una fábula asentada en Passaic, Nueva Jersey. Allá tiene su asiento una videotienda que alquila exclusivamente películas en VHS, y que un día afronta la peor de las crisis: todas las películas se han borrado. Ante el problema surge una solución urgente: filmar versiones caseras, totalmente improvisadas, de las películas más populares.

Y aquí viene lo más curioso: los clientes acogen con avidez estos remakes, que bien pueden carecer de recursos económicos y valores de producción pero están llenos de vida, ingenio y frescura, tres palabras que parecen haber desaparecido del cine mainstream que consumimos irreflexivos. Ante la inesperada demanda, los neófitos realizadores deben multiplicarse para hacer nuevas versiones de películas como King Kong, Hombres de negro, El rey león, 2001: Odisea del espacio o Conduciendo a Miss Daisy, y es en esos momentos de fervor creativo donde el inveterado talento visual de Gondry brilla con fuerza, recreando para nosotros las imaginativas soluciones a las que deben recurrir para satisfacer a su cada vez más numerosa clientela.

Clientela que redescubre el valor del cine como empresa colectiva, como memoria de una comunidad que se entrega al propósito de hacer un documental sobre un mítico jazzista oriundo de la localidad, tarea común que los reivindica ante la adversidad de ver quizá demolida la tienda de videos. Ya han hecho una película. Su película.

Gondry también la ha hecho y aunque el resultado suena mejor contado que al ser visto, Originalmente pirata es una declaración de amor al medio audiovisual, y en su fe en las posibilidades del cine se hace irresistible.

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