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La obsesión de saberlo todo

Laura Vita reseña 'El círculo' de Dave Eggers

2015/03/02

Por Laura Vita

Mae Holland es una joven en sus 20 que trabaja en El Círculo, una compañía de tecnología de una ciudad ficcional muy cercana a San Francisco. La insignia de la empresa es TruYou, un sistema que unifica todas las cuentas de las distintas plataformas virtuales de cada persona en una sola identidad real, que no se puede deformar y permite a cada usuario tener “un solo botón para el resto de su vida en la red”. En esta compañía –utópica a los ojos de la protagonista– el valor supremo es la comunicación, mediada por dispositivos tecnológicos, y el desempeño de cada empleado está medido según sus cifras de participación e interacciones.

La historia tiene lugar en un futuro muy cercano, y avanza a medida que Mae se adentra en las dinámicas de El Círculo. Mae es una mujer alienada, que vive una tensa relación con su exnovio Mercer. Mercer, a su vez, representa algo así como “nuestro presente”, pues insiste en la importancia de la comunicación personal e inmediata en un panorama en el que, paradójicamente, el exceso de comunicación debido a la tecnología ha terminado por incomunicar a las personas. A medida que avanza la novela, Mae se sumergirá de forma cada vez más profunda en las dinámicas de la compañía hasta perder todo tipo de contacto real con el mundo exterior.

Conforme transcurre la historia, comienza a configurarse una suerte de totalitarismo empresarial. El Círculo puede ver, oír, saber y controlar todo en cada momento, y ninguno de sus empleados parece darse cuenta o querer reaccionar frente a la evidente alienación. En ese momento aparecerá Kalden, un misterioso trabajador de El Círculo, del que no sabemos nada, a pesar de que existe en una sociedad en la que todo el mundo es visible. Él se mantiene oculto del Gran Hermano en el que se ha convertido El Círculo, y es consciente de los peligros de la rápida evolución de la compañía. Kalden y Mae comienzan a frecuentarse y establecen una relación en la que ella se siente atraída hacia él, pero al mismo tiempo hace caso omiso a sus inquietudes y objeciones respecto a las intenciones totalitarias del Círculo.

En cuanto se avanza en las lógicas de la compañía es inevitable escuchar el eco de la sociedad distópica planteada por George Orwell en 1984. La vida en El Círculo también está regida por tres lemas: los secretos son mentiras, compartir es querer, la privacidad es un robo. En el caso de El Círculo, sin embargo, nadie está obligado a vivir bajo el régimen, y aun así la gente sucumbe a él de manera voluntaria, gracias a una ciega promesa de bienestar.

Este libro, sin duda alguna, plantea más preguntas que respuestas sobre el futuro, sobre los límites que nos imponemos o dejamos de imponernos y sobre los peligros de la tecnificación masiva y obsesiva que está tan presente en nuestra sociedad. La novela es inquietante si pensamos en que la situación descrita por Eggers es muy cercana. El autor extrapola una discusión sobre el futuro de la sociedad y las relaciones interpersonales que es vigente en este mundo, cada vez más interconectado a través de la tecnología, en el que parecemos estar condenados a comunicarnos a través del impulso electrónico de nuestras pantallas. El círculo, a lo mejor, existe aquí y ahora y no nos hemos dado cuenta; esa es, quizá, la gracia de esta novela.

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