La máquina de hacer españoles. Valter Hugo Mae.

Rezagos de Portugal

Consuelo Gaitán reseña 'La máquina de hacer españoles', de Valter Hugo Mae.

2013/07/18

Por Consuelo Gaitán

Alguien comparó al escritor colombiano Fernando Vallejo con el escritor austríaco Thomas Bern-?hard, pues ambos eran implacables críticos de sus respectivos países. Sin embargo, Vallejo quiso diferenciarse del austríaco y señaló que Bernhard hablaba muy mal de su país porque lo odiaba, y que él, por el contrario, hablaba mal de Colombia porque la amaba. Este podría ser el caso de Valter Mãe. No ahorra señalamiento en contra de la mentalidad portuguesa, apocada, sumida en la ignorancia y sometida por décadas a la esclavitud de una dictadura delirante, guerrerista y terriblemente retrógrada; y, sin embargo, los protagonistas de sus obras son gente del común, personajes anónimos, construidos con grandes dosis de ternura, con una honda solidaridad y compasión por sus sufrimientos, y por su imposibilidad de hacer realidad sus sueños.

Mãe tiene una prosa fluida, directa, veloz y con grandes dosis de poesía. En La máquina de hacer españoles, el lector cree estar leyendo a un escritor en la madurez de su carrera. Las penetrantes reflexiones sobre la vejez, la senilidad, el amor y la muerte, parecen ser el resultado de una larga vida de observación del sufrimiento humano, de su búsqueda por el sentido de la vida, del amor y de los impredecibles caminos del azar. Pero la sorpresa es mayúscula cuando nos enteramos de que Mãe tiene menos de la mitad de edad que el protagonista de su novela y, no obstante, la voz narrativa es de una deslumbrante hondura y lucidez.

En la novela, la vida de Antonio Silva, a sus ochenta y cuatro años, ha perdido todo su asidero tras la muerte de su esposa con quien convivió por cerca de cincuenta años. Y por si esto ya no fuera suficiente, su hija decide internarlo en una residencia para ancianos cuyo irónico nombre, La feliz edad, termina por sumirlo en la más honda desesperación, que se alterna con una profunda rabia ante este atropello y su imposibilidad para decidir sobre su propio destino.

Pero, cuando el lector ya está transido por la tristeza de este anciano y la angustia que produce esta inmensa injusticia, surgen situaciones divertidas y en algunos casos hilarantes, que matizan el drama y dan un respiro ante tanta pesadumbre. En la residencia convive una variopinta gama de ancianos que, pese a tener el tiempo y la limitación de sus cuerpos en contra, logran generar una hermosa camaradería que no es poca cosa para sobrellevar con dignidad las humillaciones y hechos tan definitivos e inexorables como la pérdida de la autonomía y de la propia identidad. Ellos también tienen sus armas: frente a la honda soledad y el miedo ante la muerte, ahí está la cama y la generosidad de un amigo para mitigarlos; frente a la indiferencia del mundo ante el sufrimiento de la vejez, ahí está la solidaridad de quienes aún tienen fuerzas para sostener a sus compañeros; frente a la grisura de un día sombrío, allí está el anciano que aún recuerda versos y los comparte; en fin, esta obra es una apología sobre el poder sanador de sentimientos tan viejos y escasos como la solidaridad y la amistad.

Mãe escribe como un portugués, como un europeo del siglo XXI sobre temas clásicos y universales: el destino de los individuos y el espíritu de la sociedad a la que pertenecen. Trata de dilucidar cómo se ha conformado el alma portuguesa, por qué no ha tomado las riendas de su propio destino, por qué no quiere mirar de frente su pasado colonialista, por qué la religión y quienes han ejercido el poder se han olvidado de sus gentes, dónde está la solidaridad y en qué parte del camino se quedó la música y la poesía de una hermosa lengua… Es decir, se pregunta lo que nos preguntamos todos sobre nuestro propio país y nuestro propio destino. 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.