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Rostropovich modelo 50

Andrea Baquero reseña Mstislav Rostropovich Cello Concertos/Encores del sello Deutsche Grammophon

2010/07/31

Por Andrea Baquero

La escuela de la música clásica define a los artistas y la forma en la que “deben” tocar, pero, de vez en cuando, aparecen intérpretes que redefinen la función del artista. Tal fue el caso del violonchelista, director y pianista ruso Mstislav Rostropovich, quien a raíz de sus experiencias extramusicales, logró definir su propio arte en sus ejecuciones como solista y director. “No me arrepiento de nada porque los momentos trágicos en mi vida han formado mi carácter”, aseguró Rostropovich en una entrevista con Julian L. Weber en 2004, tres años antes de morir.

Pero, ¿por qué recomendar un disco doble en el que aparecen piezas grabadas durante la década de los años cincuenta cuando “Slava”, como lo apodaban sus coterráneos, apenas tenía 24 años?

Las grabaciones que aparecen en Mstislav Rostropovich Cello Concertos/Encores del sello Deutsche Grammophon, además de haber sido grabadas durante los años en que el músico ganó los dos concursos más importantes de la Unión Soviética, el Stalin y el Lenin, se hicieron cuando “Slava” entabló amistad con los compositores Dimitri Shostakovich y Sergei Prokofiev, después de pasar los veranos de 1950, 1951 y 1952 junto a estos, mientras también entablaba amistad con los pianistas S. Richter y E. Gilels, influencias que evidentemente intervinieron en su acercamiento a la música, como se evidencia en los duetos que aparecen en esta producción.

Las grabaciones en este disco que salió a la venta en marzo de 2007 con motivo de los 80 años de Rostropovich, quien murió un mes después de su aniversario, fueron recomendadas por él mismo, y obras como el “Moto Perpetuo Op. 11” de Paganini, entre otras, aparecen por primera vez en formato digital.

En estas grabaciones de 1954 está plasmado el carácter juvenil de “Slava”, en donde el brío todavía no se había transformado en nostalgia y en donde se puede apreciar el sello auténtico de su sonido; un amplio vibrato y el extremo contraste dinámico de su interpretación.

Entre el repertorio escogido para esta producción, aparece el “Concierto para chelo N.0 1” de Saint Säens con el que “Slava” debutó cuando tenía 13 años, el “Adagio de Cenicienta” de Prokofiev, y el triste “Chant du ménéstrel” de Glasunov.

Lo interesante de esta grabación en materia de sonido es que aunque masterizada y digitalizada, conserva la calidez del original, por lo que la respiración del músico se oye después de cada frase y la intención musical del solista está siempre en primer plano.

El hecho de pensar el violonchelo como un instrumento heroico que tiene la fuerza de la orquesta, convirtió a “Slava” en “el más grande violonchelista de todos los tiempos”, como aparece listado en el Daily Telegraph.

En esta grabación y gracias a su carácter, Rostropovich logra que las imperfecciones técnicas de la orquesta pasen casi desapercibidas, como el caso de los vientos de la Orquesta Filarmónica de Moscú en la versión del “Concierto en La menor” de Schuman, en donde los vientos descuidan la afinación, especialmente en los tres primeros acordes del primer movimiento, al que Rostropovich entra con la determinación y la calidez de un músico que explora la masculinidad de su instrumento en cada nota que emite.

Mstislav Rostropovich Cello Concertos/Encores es, quizás, una de las grabaciones más completas, interesantes y dinámicas publicadas en 2007, en la que además de un repertorio de primera, la imperfección justa refuerza el momento en el que fueron grabadas las piezas.

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