RevistaArcadia.com

Alcalde, mejor no haga nada

Si la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en condiciones tan precarias, ha logrado construir un milagro cultural a lo largo de medio siglo de vida, puede esperar a que finalmente aparezca un gobernante que entienda lo que ella significa para la ciudad. Un texto de Emilio Sanmiguel.

2017/08/25

Por Emilio Sanmiguel

Luego de ver la de cabeceadas que se echó el alcalde Peñalosa la noche del concierto de la Orquesta Filarmónica de Viena en el Teatro Mayor me quedé francamente preocupado. Pero, bueno, se lo atribuí al agotamiento de llegar pedaleando su bicicleta desde la Plaza de Bolívar hasta el extremo norte de la ciudad. Lo mismo pasó la noche del Ballet Nacional de Corea, en el mismo teatro.

Digo preocupado porque desde su primer mandato se dice que la Orquesta Filarmónica, la joya de la corona del andamiaje cultural de Bogotá, no es una entidad muy de sus afectos. Verdad o no, es un hecho que en su anterior administración, y en la actual, su presencia ha sido rara avis en los conciertos de la agrupación en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. Como también es un hecho que en su anterior administración ni siquiera se le pasó por la cabeza dotar a la más importante orquesta del país de una sede.

Claro, en honor a la verdad, ni a él ni a ninguno de sus antecesores en el medio siglo de vida de la orquesta les preocupó el asunto, pues la Filarmónica –ese “nido de comunistas”– era algo que había que tolerar. Gústenos o no, las cosas cambiaron radicalmente durante la administración de Gustavo Petro, porque la orquesta y sus políticas se pusieron, por fin, a tono con las necesidades culturales de una ciudad de prácticamente diez millones de habitantes y por fin, luego de medio siglo vida, se puso sobre el tapete la necesidad de dotarla de una sede. Y de paso dotar a Bogotá del auditorio del cual carece.

No me pienso extender, pero las negociaciones para lograr la adjudicación del lote contiguo al coliseo El Campín y la etapa preliminar de diseño para el nuevo edificio fueron particularmente complejas y muy rigurosas desde el punto de vista profesional, es decir, el arquitectónico. Eso me consta. Y el lote, por su ubicación, era excelente.

Para no extenderme –ya había escrito sobre esto en una edición anterior–, el alcalde, que presume de ser un experto en todo, sepultó el proyecto. Sus agentes culturales aseguraron: “Esa sede de la que se ha hablado, queremos aclarar, una y otra vez, no existe” declaró la actual directora ejecutiva de la orquesta, Sandra Meluk, y yo me pregunto: ¿Entonces qué pasó con el anteproyecto arquitectónico del Instituto de estudios urbanos de la Universidad Nacional? La respuesta es muy sencilla: lo pasaron por alto. Porque existir, sí existía.

Lo terrible del asunto es que ahora la Secretaría de Cultura de Bogotá anuncia un nuevo proyecto de sede para la Filarmónica, en el centro de Bogotá, que estará dotado de un auditorio para 800 espectadores: un mal chiste, para decir lo menos: ¡800 espectadores!

Porque hablar de 800 espectadores no se compadece con la realidad. Si la Filarmónica, durante décadas, ha tenido que utilizar como sede provisional el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional ha sido porque se trata del único recinto de Bogotá cuya capacidad está medianamente acorde con el público que convoca cada semana, que es multitud.

Una sede así es la prueba de que efectivamente al alcalde no le interesa una entidad de la importancia de la Orquesta Filarmónica. Y si hemos de ser serios, si esa es la solución, mejor es nada.

Si la Filarmónica, en condiciones tan precarias, para no decir que adversas, ha logrado construir un milagro cultural a lo largo de medio siglo de vida, igual puede esperar a que, finalmente aparezca un gobernante que entienda lo que ella significa para la ciudad.

Y si de urbanismo hemos de hablar, las ciudades, las grandes ciudades –no las ciudades grandes- deben tener los edificios que las definen como tales: un gran museo, un gran teatro, un gran auditorio.

En serio, señor alcalde, mejor no haga nada. Nos hace un favor que luego se lo vamos a agradecer.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.