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Sólo es una película

Andrés Borda reseña Sólo es una película de Charlotte Chandler Ma Non Troppo, 2006 350 páginas

2010/03/15

Por Andrés Borda

Charlotte Chandler es una escritora inteligente y no quiere contarnos una vida que no vivió. Precisamente por esto es que, en el momento de escribir su libro sobre la obra de Alfred Hitchcock, Sólo es una película, escogió dejar en las manos de las personas que trabajaron con él, de su familia, de los que lo conocieron muy bien y también de quienes lo conocieron muy poco, la narración de la historia. Y la verdad es que es un alivio saber que no nos vamos a encontrar aquí, una vez más, con otro fanático intentando explicarnos una y otra vez todas sus películas: Chandler, como buena biógrafa que es (ya ha escrito sobre la vida de Billy Wilder, Groucho Marx y Federico Fellini), sabe que ante un director como Hitchcock basta con oírlo y verlo trabajar para aprender de él, y deja, así, que él mismo y quienes lo conocieron sean los que reconstruyan su vida.

Esto es precisamente lo que este libro de cerca de cuatrocientas páginas consigue cuando nos invita a recorrer, página a página, su extensa filmografía. Lo vemos, como si se tratara de una película, trabajando en sus primeras obras (Los 39 escalones, La mujer se desvanece), entusiasmado con sus éxitos más rotundos (Extraños en un tren, La ventana indiscreta) y, al final, ya cuesta abajo, haciendo lo posible por no perder el control de sus películas menos reconocidas (Marnie, La trama). También somos testigos del improbable y feliz matrimonio que sostuvo con Alma durante toda su vida y de las opuestas y siempre intensas reacciones que su personalidad generaba en quienes lo conocían (solía hacer chistes algo pesados y que no todos estaban dispuestos a aceptar, como presentarse diciendo: “Puede llamarme Hitch, sin el cock”).

En general es un libro muy divertido. Es útil tanto para las personas que quieren aprender sobre el oficio de dirigir (varios conocidos de Hitchcock aseguran que el rodaje era el proceso que más le aburría y que antes de filmar una película podía visualizarla, entera, en su cabeza), como para los fanáticos que saldrán a buscar Amanecer de Murnau y Las diabólicas de Clouzot con la intención de conocer algunas de sus películas favoritas. Y el hecho de que el protagonista sea un personaje que no es sólo un simple director de cine sino (y sobre todo) un hombre complejo y singular, hace que la lectura de esta biografía se asemeje más a la de una novela que a la de uno de los aburridos recuentos de su vida que abundan en las librerías.

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