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Son de Cuba

Juan Carlos Valencia Rincón reseña Son de Cuba de Tomàs Casademunt Trilce Ediciones, 2000 118 páginas

2010/03/15

Por Juan Carlos Valencia Rincón

Algo está pasando con la música popular de nuestro tiempo que la hace amargamente desechable. La sofisticada tecnología digital, la parafernalia mediática, la ebullición de músicos formados profesionalmente en academias certificadas y el derroche de recursos financieros no parecen estar produciendo más que refritos, divertimentos pueriles poco memorables, que se suceden los unos a los otros en una agenda frenética de lanzamientos y campañas publicitarias. A finales de los años noventa, el fotógrafo de prensa y melómano catalán Tomàs Casademunt se cansó de intentar retratar lo efímero y se fue para Cuba con el deseo de “conocer a los soneros que han llenado mi casa de vida; mi vida, de goce”. Guiado por el musicólogo cubano Helio Orovio, fue visitando uno a uno a los intérpretes y compositores sobrevivientes de la era dorada del son cubano. Los hizo posar en sus casas, la mayoría precarias, llenas de objetos antiguos, ruinosos, obsoletos. Fotografió en blanco y negro sus rostros cansados, distantes de los maniáticos y sospechosos cánones de belleza que nos imponen los medios. Sus fotos fueron un intento por traerlos de vuelta del olvido, por encontrar la fuente de lo auténtico y hacernos partícipes de sus secretos, sus dolores y sus recuerdos. Luego, un grupo de historiadores, escritores y periodistas se dio a la tarea de añadirle a cada foto un breve perfil profesional del músico en cuestión. El resultado es un libro memorable, Son de Cuba, un delicioso mosaico de imágenes, frases de canciones, datos básicos y amor en torno a lo mejor de la música popular cubana. Entre los más de cuarenta artistas reseñados, figuran nombres célebres como los de Omara Portuondo, Cachao, Celia Cruz, Mongo Santamaría, Celina González y Bebo Valdés, pero también afloran nombres y rostros menos conocidos como los de Herminio García, autor de la “Guantanamera”, y Marcelino Guerra Rapidney, integrante del Septeto Nacional y autor de “Pare, cochero”, entre tantos otros temas. El libro se concentra en músicos que estuvieron activos entre los años veinte y los años ochenta del siglo pasado. Además del texto y las imágenes evocadoras, trae un disco compacto con temas clásicos de grandes soneros cubanos como Compay Segundo y Elio Revé. Sin la formalidad de un diccionario académico, Son de Cuba es, sin embargo, una obra redonda, un placer tanto para novatos como para iniciados, para todos aquellos que quieren acercarse a los misterios cadenciosos del memorable y quizás eterno son.

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