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Suena a The Who

Eduardo Arias reseña el último disco de The Who, Endless Wire

2010/03/15

Por Eduardo Arias

¿Hasta qué punto un grupo que se separa, pierde algunos de sus músicos y decide volver a reunirse es el mismo grupo? Veinticuatro años y un muerto después de It’s hard y veintinueve después de la muerte del baterista Keith Moon reaparecen en estudio Pete Townshend y Roger Daltrey acompañados de un grupo de músicos bajo el mágico nombre de The Who. El nuevo hijo, titulado Endless wire, ve la luz luego de incontables anuncios del final de la banda y sus subsiguientes reapariciones en tributos, conciertos a beneficio, aniversarios y homenajes en halls de la fama.

Y bueno, es The Who porque Endless wire suena a The Who, porque la voz de Daltrey siempre ha sido la voz principal de The Who y porque Townshend ha sido el compositor de, al menos, el noventa y nueve por ciento del material de la banda. Además, porque desde finales de los años sesenta acostumbró a sus seguidores de The Who a verlo no sólo como el guitarrista sino también como teclista y operador de cintas pregrabadas. Es más, Endless wire suena mucho a Who’s next, considerado el mejor trabajo del grupo. Los teclados que abren el tema “Fragments” (programados por Lawrence Ball) no son otra cosa que un homenaje frentero, sin tapujos, a “Baba O’Riley” y “Won’t get fooled again”, las dos piezas maestras de Who’s next, en las que Pete Townshend experimentó (y de alguna manera revolucionó el rock) con un sintetizador VCR3. Un sonido envolvente, que no envejece, que ha vuelto a revivir en los medios masivos gracias a su presencia en los créditos de la serie de televisión CSI Miami.

Pero el símil (¿homenaje? ¿revisión?) va mucho más allá de esa secuencia. La mayoría de los temas de Endless wire resultan muy familiares porque se apoyan, a veces demasiado, en aquellas canciones del álbum ya citado y también de Quadrophenia, para mí la verdadera obra maestra de The Who. No es que sean remakes de viejas canciones sino que varios sonidos y la estructura de las canciones remiten a esos temas ya conocidos.

A pesar de la comparación con la edad dorada de la banda queda la sensación de que falta algo para que este The Who sea de veras The Who. Para comenzar, faltan el bajista John Entwistle y el baterista Keith Moon, ambos ya fallecidos y quienes le aportaron al grupo un soporte rítmico asombroso. Lo mismo que le ocurre a Pink Floyd sin Roger Waters y a Roger Waters sin Gilmour, Wright y Mason cuando intenta revivir el pasado. ¿No habría sido mejor, de pronto, que Townshend y Daltrey optaran por el camino que siguieron Jimmy Page y Robert Plant, quienes han grabado y se han presentado bajo el paraguas de sus apellidos y desde 1980 dejaron atrás a Led Zeppelin?
El hecho es que esta nueva reunión en estudio de los ya sexagenarios Townshend y Daltrey ha dado como resultado una colección de canciones con un tono más bien reflexivo, en el que los acordes del piano y los sonidos de guitarras acústicas suelen mandar la parada y dejar en un segundo plano los sonidos distorsionados propios del rock que practicaba The Who en tiempos de Woodstock.

La segunda mitad del álbum es una miniópera de Townshed titulada Wire & Glass, que de nuevo remite a ese interés de Townshend por los trabajos conceptuales, que comenzaron con la canción “A quick one (while she’s Hawai)”, de 1966, y que lo consagraron con Tommy. Un interés que Townshend no perdió en su carrera como solista (un ejemplo de ello es su álbum White City) y que retoma de nuevo.

Resulta difícil juzgar este álbum. Aparenta ser una muy bien jalada revisión de aquellos tiempos ya idos, un disco grato para veteranos a quienes alborota la nostalgia. Sería muy bueno conocer la opinión de quienes llegan a Endless wire sin los prejuicios de alguien que lleva treinta años pegado a Who’s next y Quadrophenia y que se emociona ante algunas (varias) de esas viejas canciones como si las oyera por primera vez.

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