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Suicidio perfecto, de Petros Márkaris

Suicidio Perfecto de Petros Márkaris

Crítica Libros

Atenas sin mitos. Por: Consuelo Gaitán

Por: Consuelo Gaitán

Publicado el: 2013-01-22

En una excelente entrevista realizada por esta revista en julio pasado, Márkaris deja constancia de lo que a su juicio es el papel de un artista en el mundo contemporáneo: “Tematizando la crisis, influyo en la vida de los griegos. Quiero mostrarle a la gente que hay que oponerse a la realidad que nos imponen las finanzas y la política. Esa es la tarea del artista. El arte tiene que politizarse y desarrollar una conciencia de la realidad social. La gente, aunque no se dé cuenta, necesita un nuevo discurso político o, por lo menos, un discurso político alternativo. Este solo puede surgir del arte”.

Y el género que escoge Márkaris, tal vez el escritor griego más leído actualmente dentro y fuera de su país, para comunicar su inconformidad y rechazo a la realidad circundante es la novela negra política. Una vez más, su ya famoso comisario Kostas Jaritos –protagonista de casi una decena de sus novelas– se ocupa de un misterioso caso que tiene como sede la Atenas previa a los Juegos Olímpicos del 2004. Durante una entrevista en directo, el famoso constructor y millonario Favieros, cuya fortuna se sigue acrecentando con los contratos que ha obtenido para este evento, se suicida ante las cámaras en directo. Esta horripilante escena logra sacar de su marasmo al convaleciente comisario, que no comparte la idea generalizada de que este suicidio obedece a razones personales. A partir de este momento el lector queda también involucrado en la búsqueda de las razones que pueden mover a un exitoso millonario a cometer un acto tan atroz ante la mirada de millones de personas.

La novela tiene un ritmo cinematográfico –Márkaris ha escrito varios guiones junto al reconocido director Theo Angelopoulos–, con una puesta en escena de varios rincones y callecitas de Atenas, incluidas escenas delirantes del caótico tráfico ateniense. Sin lugar a dudas, la imagen que nos llevamos de Atenas es totalmente distinta de aquella simplificación idealizada como la cuna de la sabiduría y el conocimiento occidentales. ¡Qué contraste! Esta Atenas es una ciudad cualquiera del tercer mundo, en la que abundan los hechos de violencia, la corrupción y un extravagante chovinismo. Con gran cinismo el comisario Jaritos de burla de sí mismo y de sus compatriotas, haciendo gala de un extraordinario humor negro que trasluce un auténtico cuadro de costumbres de una sociedad polarizada y anárquica. Márkaris escribió esta novela en el 2003 y ya se veía venir la tremenda crisis que actualmente está padeciendo Grecia. Sorprendente la similitud de los patrones humanos en tan diversas partes del mundo: la globalización del crimen, la corrupción de los sistemas políticos, la pulverización de los ideales sociales y la entronización del consumismo como paradigma imbatible.

La novela negra goza de buena salud en varias partes del mundo. Desde los países nórdicos, hasta la China, los lectores se están beneficiando con la propagación de este género cuya fluidez y aparente liviandad lo hacen más accesible. Hasta hace muy poco, en algunos círculos intelectuales era considerado literatura de segunda clase, hasta que algunos escritores de primera incursionaron en él con gran fortuna o elogiaron sin reparos a algún colega suyo. Hoy en día Simenon, Patricia Highsmith, Camillieri o Fred Vargas no tienen que dar codazos para ser incluidos en la lista de grandes escritores.

El caso de Márkaris no es distinto. La intriga de esta novela es un verdadero deleite por su impecable estructura, la composición del entorno y las posibilidades tan reales de que la historia pueda suceder en nuestra propia realidad. Y, para seguir en la misma línea de los inspectores cascarrabias y sensibles a los deleites del paladar, Jaritos nos participa su gusto por la comida griega, en especial, los tomates rellenos. Lástima que no nos da la receta.