RevistaArcadia.com

Tango con duende

Jaime Andrés Monsalve reseña el disco de David Amaya, Gitanos de Buenos Aires

2010/03/15

Por Jaime Andrés Monsalve B.

Los músicos de flamenco no llaman estilos a sus estilos. Los llaman palos. Y de esos palos, en los que destacan las bulerías, las soleares, las seguirillas y los fandangos entre 30 más, uno de los más famosos es el llamado cante por tangos.

De inmediato, sin escuchar siquiera un tango flamenco, surge la pregunta de su cercanía al homónimo género de las dos orillas de Río de la Plata. Puede sonar increíble, pero no existe ningún vínculo preciso entre ambas músicas.

Empecemos por decir que las primeras referencias escritas acerca de un género llamado tango no se ocurrieron, como podría suponerse, en Argentina, sino en Andalucía. Hay 83 años de diferencia entre El entrerriano, el primer tema considerado tango en el país suramericano (creación de Rosendo Mendizábal registrada en 1897) y el manuscrito Apuntes para la descripción de la ciudad de Cádiz, de D. F. Sisto, proveniente de 1814, en el que el autor habla de un género de música española llamada tango que “tiene presencia en las fiestas populares gaditanas”.

Para ser concretos, va lo dicho en un artículo del Flamenco Information Service Library de Nueva York, de diciembre de 1969: “El tango que se hizo popular en Argentina y que posteriormente llegó a España como baile de salón en los primeros años del siglo veinte, no tiene nada que ver con el tango flamenco aparte del nombre y el compás binario”.

No significa que ambos géneros no hayan tenido acercamientos en los últimos años. Y contrario al lugar común, los dedos de la mano son insuficientes para contarlos: está, por una parte, la famosa tonadillera Maribel Quiñónez, Martirio, que ha hecho españolerías con buena parte de las más célebres piezas creadas por Gardel y Lepera, Manzi, Cadícamo y demás poetas. Tras de ella vienen Enrique Morente, su hija Estrella, la negra Concha Buika y un cantaor conocido como El Cabrero que prefiere emplear la voz blanca para proceder sobre el tango Ventarrón. Más allá, dedicando trabajos enteros al género argentino desde el espíritu jondo, en 2006 coincidieron la cantaora Eva Durán, con su disco Por tangos, y el cantaor Pepe de Lucía, hermano menor de Paco, que hizo lo propio con Tomo y obligo, álbum que involucra el tango, el flamenco y el jazz por igual.

La mayor diferencia entre todos ellos y el tocaor David Amaya, es que el último sí vive en Buenos Aires. Convencido de que si seguía en España la heroína por fin iba a dar cuenta de sus huesos, Ardilla Amaya, el guitarrista del célebre trío La barbería del Sur viajó al Cono Sur y decidió quedarse. Allí reunió a una serie de músicos porteños con sensibilidades flamencas provenientes bien de la música, bien de sus antepasados. Y así nació el proyecto solista David Amaya y gitanos de Buenos Aires, una suerte de homenaje a ese segundo hogar en el que tan cómodo parece sentirse.

Además de temas dedicados concretamente al país que lo acogió (Reina del Plata y Gitanos porteños), no faltan en el trabajo los consabidos temas argentinos a ritmo de 2x4 traspasados a bulería, seguirilla, soleá y, por supuesto, al cante por tangos. Por aquí se mueven Volver, Melodía de arrabal, Mi Buenos Aires querido, Malena y Por una cabeza en una suerte de estética si no conmovedora, por lo menos diferente.

Uno podría pensar que Amaya y De Lucía y Durán, y los demás, se mueven por un sendero de encuentros entre Latinoamérica y España que últimamente (a juzgar por Bebo y Cigala) da réditos. Preguntado acerca de qué opinaba del disco del Ardilla Amaya, su compadre Antonio Carmona lo calificó como “arriesgado, un flamenco futurista. Un álbum más valiente que los otros, porque esos otros van sobre seguro”.

Lo único que uno podría agregar es que el guitarrista conoce –y bien– la tierra de la que habla, la música que ahora canta.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.