BUSCAR:

'The Bloom And The Blight'. de Two Gallants

Portada de 'The Bloom And The Blight'.

Crítica música

El corazón sangrante

Por: Jaime Arracó

Publicado el: 2012-10-30

En 2002, “Two Gallants”, un cuento del libro Dublineses de James Joyce, fue el nombre artístico elegido por dos músicos novatos con clarividencia de veteranos. Nacidos en San Francisco en 1981, Adam y Tyson han sido amigos desde los cinco años y empezaron a componer a los doce. Comenzaron dando conciertos minoritarios en salas de mala muerte, tocaron en casas privadas y en esquinas y parques. Después de su segundo disco han participado en numerosos festivales y recorrido muchos kilómetros por Estados Unidos recogiendo memorias que se adscriben mayoritariamente a su país y a la herencia histórica norteamericana.

Adam Stephens es el más retraído de los dos: escribe, palpita al cantar, le inspira la armónica y puntea aladamente su guitarra. Tyson Vogel es el simpático de la pareja y azota la batería con unos brazos que parecen centellas, y participa en los coros que acompañan la rasgada voz de su amigo. El primero compone las letras de las canciones como otra forma más de arte literario; el baterista es el representante de la fiereza percusionista que las palabras demandan.

Acaban de sacar su cuarto largo, The Bloom And The Blight, tras haber construido proyectos por separado durante cinco años. Adam Stephens sacó un disco de folk puro, alegre y de cantautor. Tyson se inclinó por un rock instrumental con The Devotionals: un trabajo experimental muy cuidado. Ambos tuvieron buenas críticas pero su éxito fue comedido. Es así que se encuentran en este disco: queriendo aprovechar la distancia entre los dos para confirmar que Two Gallants son grandes revitalizadores del country en la búsqueda de un nuevo futuro, sin perder de vista el folk tradicional, utilizando un inglés arcaico y rebozándolo con blues, punk y rock.

The Bloom And The Blight vuelve a expresar que ellos tienen en la cabeza la franqueza de lo que el corazón necesita enseñar. Han grabado como si fuese un directo, la plica que los hace músicos transparentes, viscerales y aguerridos: siempre suenan igual. Han encontrado un lugar entre el pasado y el presente y la oportunidad para detonar la totalidad de su andadura y sus sentimientos en un disco lleno de pólvora. Todo empieza con “Halcyon Days” (Alcíone, figura mitológica griega): “Dicen que has amado tanto/ que has provocado la ira de los dioses/ Y ahora pagarás con el infierno./ Y con tu nombre en mis labios/ me hundí/ y reviví tu beso de despedida/ mientras me ahogaba”, reza una canción con tintes punk, valiente, que vincula la religión nuevamente a sus temas, y donde el amor es un fangoso campo de batalla entre hombres y dioses. El disco va de extremo a extremo: del folk al punk y del punk al folk, y en medio, una inconsolable balada country como “Decay”, donde las voces cuestionan su lugar en este mundo. No hay punto medio en una propuesta estudiada a conciencia que ahora les lleva por unos sonidos más góticos y unas letras cada vez más apocalípticas. La voz de Adam se rompe, desvergonzada, en “Ride Away”, la mejor canción del disco: la tormenta de baquetazos de Tyson galopa al mismo ritmo propasado de la guitarra. Lo que nos encontramos, como dice Tyson Vogel, es: “Dos tíos sudando mucho, gritando mucho, ambos con un poco de síndrome del corazón sangrante”.