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Todo salió mal (excepto esta película)

Juan Carlos González reseña la última película de Sidney Lumet, Antes que el diablo sepa que has muerto

2010/07/01

Por Juan Carlos González A.

Los adjetivos y las opiniones sobre Sidney Lumet son siempre del mismo corte: eficiente, infatigable, honesto, confiable, capaz. ¿Pero por qué no ha sido considerado de manera unánime un maestro fundamental del cine norteamericano? ¿Acaso haber dirigido Doce hombres en pugna, El prestamista, La colina de la deshonra (The Hill), Serpico, Tarde de perros y Network no serían méritos suficientes? Cualquiera estaría más que orgulloso de haber dirigido siquiera uno de esos filmes ya clásicos, pero al autor de todos ellos todavía se duda en incluirlo en el panteón de los consagrados. No se le perdonan sus desaciertos, sus devaneos con el cine comercial, sus influencias en los cineastas de hoy se creen inciertas, no le ven consistencia como autor. Silencioso ante la injusticia de algunos, Lumet no está interesado en polémicas ni en figurar por nada distinto a su cine. Nominado cinco veces al Óscar, en el 2005 recibió la estatuilla honoraria: tenía entonces 80 años de vida. Ya está por encima del bien y del mal, pero sigue trabajando (o mejor: lo dejan seguir trabajando, lo que no pasó —por ejemplo— con Billy Wilder en su vejez). Sabe que algún día no lejano morirá y será entonces su cine el que hable por él, el que defienda su nombre, el que demuestre que era un autor necesario.

Y si alguien duda de su vigencia de veterano enorme, que se asome entonces a Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You´re Dead, 2007) y se deje sorprender por este relato tenso y amargo, por este descenso sin frenos a los abismos de la codicia y la maldad más allá de lo imaginado. Dijimos sin frenos, pero no a ciegas. Lumet nos guía con mano firme por los entresijos de un guión bien concebido y estructurado, escrito por un debutante a tener en cuenta llamado Kelly Masterson y que adeuda mucho a los hermanos Coen de Fargo, al Tarantino de Tiempos violentos (Pulp Fiction), pero sobre todo —y no lo perdamos nunca de vista aquí— al Stanley Kubrick de The Killing (1956), la olvidada precursora de esas películas fracturadas en el tiempo y que son narradas bajo diferentes ángulos según sea el personaje que intervenga. Junto a ellos está el John Huston de The Asphalt Jungle —apóstol de las empresas criminales perdidas— como espíritu oficiante de este thriller condenado al fracaso donde todo lo que se nos cuenta sale mal. Todo, menos esta película vibrante.

Atraco perfecto fue el nombre de The Killing en Latinoamérica y España. Al reseñarla para la revista Positif, Roger Tailleur escribía que “A Huston le ha salido otro hijo. Atraco perfecto es la película del ex adolescente que una tarde de 1950 vio The Asphalt Jungle y la estuvo soñando durante una semana”. Pareciera que Lumet siguió soñando con el tema varios años más y al aceptar el guión de Masterson y reescribirlo, vio que era la oportunidad de aportarle al tipo de cine que Huston y Kubrick habían hecho, partiendo de una premisa básica: que atracos perfectos no hay.

Y menos este, concebido por una pareja de hermanos bastante disímiles, pero unidos por una necesidad imperiosa de dinero. Lo que se ve como un plan perfecto termina convertido en un desastre sin control frente al cual ambos se van derrumbando frente a nuestros ojos. El peso de lo que hicieron, la culpa y el remordimiento que sienten se nos evidencian con una intensidad que Lumet logra captar y exhibir con pulso magistral. No sabemos si el infierno existe, pero los protagonistas de este filme están seguros que hacia allá van.

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