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Un buen comienzo

Alberto de Brigard reseña La soledad de los números primos, la novela debut del autor italiano Paolo Giordano

2010/03/16

Por Alberto de Brigard

A la gente le disgusta, con razón, que la consideren “solo un número”, pero para los matemáticos los números primos pueden tener tanto carácter, tanto misterio y tantas facetas como una persona. Esta idea está detrás de la metáfora que da origen al llamativo título de esta novela; sus dos protagonistas, Alice y Mattia, son anormales, en el sentido más limpio de la palabra.

Giordano atrapa rápidamente al lector al plantear las premisas de la historia. Los episodios de infancia que definen de manera cruel e irrevocable las vidas de los dos personajes centrales y de sus respectivas familias son convincentes y profundamente trágicos. En particular el segundo capítulo del libro, que narra cómo Mattia se separa para siempre de su hermana gemela, podría ser, con mínimos ajustes, un cuento perfecto.

Al desarrollarse la historia resulta natural que estos dos adolescentes adoloridos y autodestructivos terminen acorralados en la misma esquina en el ambiente hostil de una escuela pública, y el autor nos lleva con ellos al mundo de inseguridades y relaciones perversas que acechan a los adolescentes de cualquier lugar. Sin embargo, a partir de ahí comienzan las dificultades de la novela, pues Giordano es mucho mejor para convencernos de lo improbable que para acompañarnos a través de lo cotidiano. Los personajes que rodean a Alice y Mattia mientras maduran son los esperables padres indiferentes o ineptos, los compañeros de colegio crueles, las parejas resignadas; curiosamente, aquellos que tendrían el potencial para ser algo menos convencionales, como el compañero de curso de Mattia que empieza a afrontar su homosexualidad, o la empleada doméstica de la casa de Alice, se aprovechan menos bien.

Cuando solo los dos protagonistas de la historia parecen tener vida propia, responder a la pregunta de ¿por qué se atraen? es realmente fundamental. A pesar de que Giordano afirma bellamente que “estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que solo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían”, el relato no da mucho pie para que aceptemos algunas de esas mil cosas, ni para que intuyamos cómo se forma ese hilo. La idea de que la relación entre dos personalidades difíciles es naturalmente mejor que la que cada uno de ellos podría tener con alguien más convencional no es tan obvia como para que el lector la acepte sin algún esfuerzo adicional del autor.

Tal vez la principal debilidad del libro proviene de que da la impresión de que el novelista está maniobrando permanentemente para evitar que su historia se deslice sin control hacia los resbalosos terrenos de lo sentimental, aunque paradójicamente algunos de los giros de la trama terminan por parecer un poco de telenovela.

Una novela como La soledad de los números primos es el sueño de cualquier editor: el debut de un autor poco convencional (en este caso un candidato a doctorado en Física), que salta a las listas de los libros más vendidos y recibe el premio más prestigioso de su lengua. Es bueno que haya llegado rápidamente a Colombia, sobre todo porque, aparte de Andrea Camillieri, hace tiempo no se sabe qué pasa en la literatura italiana, en la que aparentemente no se están cocinando grandes cosas si este libro, muy legible pero no maravilloso, acaparó los grandes reconocimientos de 2008. No sabemos si Giordano tendrá que escoger entre la literatura y la física para ofrecernos libros cada vez mejores, pero su primera obra demuestra que cuenta con suficientes atributos como para que valga la pena seguir prestando atención a su carrera, esperando que llegue más lejos.

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