'Crecer a golpes'. Diego Fonseca (editor). C.A. Press. $39.900. 325 páginas.

Un continente tragicómico

Mauricio Sáenz reseña 'Crecer a golpes' editado por Diego Fonseca.

2014/05/23

Por Mauricio Sáenz

El 11 de septiembre tiene para los latinoamericanos un significado particular. En esa fecha, 28 años antes del ataque a Nueva York, un episodio igualmente dramático sacudió al subcontinente. Liderados por un oscuro general llamado Augusto Pinochet, los militares chilenos usaron el engaño y la sedición, como sus colegas terroristas de al Qaeda, pero no contra un país enemigo sino contra el suyo propio. Cuando se disipó el humo en el palacio de La Moneda, yacían en su interior no solo el cadáver de su presidente Salvador Allende, sino el sueño de que una democracia verdadera, amplia e incluyente, se consolidara en el subcontinente.

Han pasado cuarenta años desde ese episodio y muchos han sido los esfuerzos por entender a fondo sus consecuencias. En esa línea se encuentra Crecer a golpes, una compilación editada por Diego Fonseca, periodista y escritor argentino. La mayoría de los trece autores, muy representativos, pertenecen a la generación nacida poco antes de los hechos que originan el libro, y criada bajo su influjo permanente.

Se trata de otros tantos capítulos ordenados de sur a norte, que comienzan en Chile y terminan, sorprendentemente, en Estados Unidos, tras una vuelta por España. Pero no resulta desafortunado que en la ilustre nómina se encuentre Jon Lee Anderson, ese gringo atípico que ha hecho del abrazo de las culturas americanas una forma de vida. Ni tampoco es ajena la presencia de España en la pluma de Enric González, no como Anderson en representación del tío todopoderoso, sino de la madre distante pero inevitablemente presente en medio de sus problemas actuales.

Los autores se aproximan al tema con miradas originales, unas más afortunadas que otras. El chileno Patricio Fernández abre con un texto que entrelaza su historia personal con los acontecimientos políticos, incluido su abuelo pinochetista. El brasileño Mario Magalhaes nos ofrece una visión desde el fútbol, instrumento político de las dictaduras a ambos lados de los Andes. El cubano Leonardo Padura narra las incertidumbres de su generación cubana, que recibió como un mazazo los hechos de Santiago. Anderson cuenta la historia de su familia, que bajo la influencia de su contacto con otras partes del mundo (el padre era diplomático) adquirió una visión crítica del papel de Estados Unidos y una mirada decididamente liberal a lo sucedido en América Latina. Y el mexicano Álvaro Enrigue narra su experiencia de crecer en un México dominado por la omnipresencia de un curioso personaje: el Vocho, ese improbable taxi Volkswagen que distinguía a la megaciudad latinoamericana.

En tono menos personal, Sergio Ramírez hace un magistral relato de los perennes esfuerzos de Nicaragua por construir un canal interoceánico que solo promete convertirse en un inmenso pantano insalubre, mientras el peruano Gustavo Faverón perfila a Vladimiro Montesinos, ese personaje que marcó fuertemente la dictadura de nuevo cuño de Alberto Fujimori. Y Enric González muestra a su España como una sociedad travesti, ambigua, narcisista, enloquecida por ser otra pero sin esperanzas de lograrlo.

En ese recorrido la obra ofrece un mosaico de interpretaciones, sin duda valioso e importante, pero de poca coherencia en su conjunto. En ese sentido resulta paradójico, por ejemplo, que Martín Caparrós haya dedicado su espacio a dibujar en un ensayo, que se antoja apresurado, una mitología argentina alrededor de la muerte en un país que, con dictaduras criminales y todo, nunca llegó a las cotas de sangre de la Colombia atenazada por un narcotráfico capaz de corromper hasta a las guerrillas. Y que en cambio el participante colombiano, Mario Jursich Durán, haya considerado más importante en este período a la inefable presencia del presidente Julio César Turbay Ayala, para presentarlo como un ejemplo más del poder tradicional de la retórica en Colombia. Un fenómeno ciertamente real, pero más bien irrelevante en el contexto de los últimos cuarenta años de nuestro país.


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