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Un cuarteto bien temperado

Andrea Baquero reseña Bach fugues de Emerson String Quartet

2010/03/15

Por Andrea Baquero

Entre las grabaciones que el sello Deutsche Grammophon presenta este año, hay una que salta a la vista: la versión de las fugas del “Clave bien temperado” de J.S.Bach arregladas por W.A Mozart y E.A Förster en versión del Emerson String Quartet.

En 1722, Bach terminó el primer libro dedicado al clave. Una serie en la que compuso una pieza en cada tonalidad que resultó en 24 preludios y fugas “para el beneficio y el uso de músicos jóvenes que deseen aprender (...) Un pasatiempo para los músicos que ya son diestros en el estudio del instrumento”, como escribió el compositor alemán.

Para 1744, Bach terminó el segundo libro para clave que tituló “24 preludios y fugas”, composiciones que actualmente son conocidas como “El clave bien temperado I y II”, una obra que ha tenido gran influencia en la música occidental, tanto así, que a pesar de haber sido concebida para un solo instrumento, el Emerson String Quartet decidió grabarlas en diciembre de 2007.

Lo primero que es evidente al oír esta grabación es la diferencia en el tratamiento de la articulación de los instrumentos. Desde el sentido más sencillo, el funcionamiento de un instrumento de cuerda como el violín o el violonchelo frente al funcionamiento del clave, que es un instrumento de cuerdas pulsadas, es completamente diferente. Por esta razón, tanto el sonido como la articulación son distintos. En otras palabras, es imposible lograr un sonido y una articulación similar entre un instrumento de cuerda y uno de percusión. Por esto, las fugas arregladas para cuarteto de cuerdas aparecen como una obra nueva y no como el tradicional “Clave bien temperado”.

Otro elemento que es evidente en esta versión, es que solamente aparecen las fugas y no aparecen los preludios. Pero más raro aún, las fugas no están ordenadas por tonalidades como lo sugirió Bach. Así, se presentan las fugas a cuatro voces del primer libro, luego las fugas a cuatro voces del segundo libro y los dos últimos cortes del álbum son las fugas a cinco voces, primero la del segundo libro y por último la del primer libro.

Estos no son los únicos cambios que afectan la estructura y el concepto de la obra. Por ejemplo, la fuga vii en re sostenido menor del segundo libro aparece un tono más abajo, es decir que el cuarteto la grabó en re menor porque en los instrumentos de cuerda esta es una tonalidad poco usual y en los arreglos de Mozart aparece en re menor. Sin embargo, vale aclarar que esto fue un ejercicio que el músico austriaco hizo al descubrir los manuscritos de Bach.

El reto que el cuarteto se impuso al grabar las fugas fue desafiante tanto en el sentido técnico como conceptual. Sin embargo, una agrupación que lleva 31 años presentándose en los escenarios más prestigiosos, y que ha ganado ocho premios Grammy, se puede dar el lujo de argumentar que Bach no compuso cuartetos de cuerdas por lo que decidieron grabar las fugas arregladas por Mozart y Förster.

Pese a la interpretación clásica que el cuarteto neoyorquino plasmó en esta producción, el espíritu de Bach es el alma de la obra, y se hace evidente la genialidad, la estructura sólida, la espiritualidad y el manejo de la proporción que el compositor alemán dejó en estas fugas. Así, de una manera técnicamente inexplicable se cumple lo que Eugene Drucker, el violinista del cuarteto dijo sobre esta grabación: “Sentimos que nuestra lealtad era con el original de Bach”.

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