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Un infierno chic

Andrés Borda reseña la película El diablo se viste a la moda, dirigida por David Franek

2010/03/15

Por Andrés Borda

Podemos haber repetido decenas de veces el clásico argumento de la joven ingenua que se ve enfrentada al cinismo del mundo moderno, y reconocerlo una vez más en El diablo se viste a la moda, pero no por eso pierde aquí ni un poco de su encanto. David Franek y Aline Brosh McKenna, director y guionista respectivamente, pusieron esta vez en manos de Anne Hathaway (a quien no imaginábamos actuando en otra cosa que no fuera El diario de la princesa hasta que el año pasado la vimos en Secretos de la montaña) el personaje de Andy Sachs, la joven e inocente escritora que verá cómo su vida es lentamente devorada por la revista de modas en la que entra a trabajar. Pero más allá del divertido argumento a partir del que Franek recrea el inconcebible mundo de la moda y de la agraciada actuación de Hathaway, lo que queda grabado en nuestra memoria días después de haber visto la película es el genial personaje de Meryl Streep, Miranda, la odiosa, detestable y respetada dueña de la revista que se convertirá en la nueva jefa de Andy.

El personaje que Streep y McKenna se inventaron a partir de la novela de Lauren Weisberger es lo más cercano que hemos visto en el cine a una versión moderna de Cruela de Vil: la forma en que habla, en que se mueve, en que mira a sus empleados y cercanos, basta para que deseemos no encontrarnos jamás con una jefa como ella (en un momento le dice a Andy que necesita dentro de un par de horas la última novela de Harry Potter para sus hijas, la que aun no ha sido editada; y sabemos que si no la consigue, Andy va a perder su trabajo). Y no es necesario que la oigamos o que la veamos constantemente para sentir su presencia en cada una de las escenas de la película: es suficiente con haberla visto tres o cuatro veces para temer su presencia hasta el final.

Pero no sólo está en manos de Streep convencernos de que vale la pena reírnos y vivir dentro de ese mundo de la moda que a tantos nos parecerá tan lejano, sino también del resto del increíble elenco en el que se apoya Franek: Anne Hathaway nos convence como Andy de que es posible dejar la estabilidad del mundo rutinario y predecible por el monstruoso y vanidoso imperio de la moda; Stanley Tucci logra sacar adelante el difícil papel del ejecutivo amanerado fanático de la ropa y los diseñadores; y el resto de los personajes que vienen y van a lo largo de la historia hacen su trabajo como sí no fueran sólo personajes secundarios. Todos ellos ayudan a que, desde el punto de vista cínico e incrédulo de Andy (y que nosotros como espectadores compartimos), comencemos lentamente, a medida que avanza la película, a aceptar y comprender cada vez más ese mundo casi imposible de la moda en donde las personas se definen por cómo se visten, y los años giran alrededor de los grandes desfiles.

Todo esto se resume en que El diablo se viste a la moda, con su argumento probado miles de veces y su micro-mundo casi incomprensible, consigue convertirse en una película increíblemente divertida a partir de acertadas decisiones de actuación, y con un guión que logra hacernos reír sin nunca ser obvio. Es probable que días después ya nos hayamos olvidado por completo de varias secuencias de la película, y que, como es justo, sólo recordemos la inolvidable actuación de Meryl Streep; pero lo cierto es que pocas producciones nos garantizan un buen y divertido espectáculo como ésta lo hace. Al final, se tiene la curiosa impresión de haber visto una de esas comedias elegantes que sólo encontrábamos en los lejanos inicios del cine.

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