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Un mito maldito

Humberto Junca reseña la biografía que Barry Miles escribe de Charles Bukowski

2010/03/15

Por Humberto Junca

Apple, la empresa discográfica de los Beatles, creó en 1968 una sección experimental llamada Zapple. John Lennon y Paul McCartney nombraron a Barry Miles como director y le encomendaron la grabación de una serie de álbumes de poesía. Así fue como Miles conoció a Charles Bukowski. En un tugurio de Los Ángeles se aproximó al escritor cuando aún era empleado de la oficina de correos de noche y borracho el resto del tiempo. Con esa anécdota Miles inicia la biografía de este explorador de la verdad, nacido en Andernach, una pequeña ciudad a la orilla del Rhin, el 16 de agosto de 1920. Su nombre de pila era Heinrich Karl Bukowski y a los tres años huyó con sus padres de la postguerra hacia Estados Unidos.

En la infancia y adolescencia el biógrafo nos presenta al futuro escritor maltratado por su padre, con una madre distante que nunca se ponía de su lado, marginado por su acento, avergonzado por su físico. En adelante, Miles se empeña en comparar y seleccionar entre los datos que Hank (como le llamaban sus amigos) escribe en sus libros; la información cruzada que él mismo daba en entrevistas y los testimonios de terceros. Queda claro que escribir con tal rigurosidad sobre un alcohólico mitómano cuya obra es ficción autobiográfica, no es labor agradecida. Si uno quiere conocer al verdadero Bukowski, lo más recomendable es leer sus poemas, sus novelas, sus cuentos (y ojalá en el idioma original, porque era un maestro de la jerga de la calle). Así pues, esta podría ser una biografía más del vago que vende su sangre para comprar trago, del apostador empedernido o del misógino amante de las prostitutas; imágenes que, sin duda, sobran.

Pero hay algo interesante en el libro de Miles. A través de la leyenda de Bukowski, nos muestra con detalle el cuerpo enfermo de una sociedad en crisis y la literatura no oficial capaz de mostrar sus excrementos. Una literatura que maduró a finales de los años sesenta –haciéndose visible y cambiando para siempre la manera en que se lee y se piensa– con la llamada contracultura, de la cual Bukowski era, a la vez, un bastardo y un rey.

En los capítulos centrales del libro, Miles describe el tortuoso camino para publicar a cuenta gotas los resultados de diez años de borrachera suicida de este flaneur. Además aparece su relación con un grupo de revistas de literatura jóvenes y aventuradas: Wormwood Review, Renaissance, Outsider (Bukowski ganó el Premio Outsider en 1962 y fue la primera vez que salió en una portada, mucho después vendrían Time y Rolling Stone). Su historia con algunos empresarios amantes de la literatura y sus editoriales domésticas alternativas, entre ellas la que se convertiría en la editorial de poesía más importante de Norteamérica y cuyas primeras cuatro ediciones fueron librillos con poemas de Bukowski: Black Sparrow Press.

También se enumeran las influencias y preferencias de Charles Bukowski. De Louis-Ferdinand Céline a Robinson Jeffers; de Chandler y Hammett a Hemingway, Camus y Sartre; de Salinger a quizás su favorito: John Fante, a quien conoció justo antes de morir y le rindió homenaje convenciendo a Black Sparrow de reeditar su obra completa. “Solo me desalienta que los hombres y las mujeres tengan que llevar la vida que llevan. Es doloroso para ellos y es doloroso para mí, pero no sé cuál es la salida. Así que lo único que puedo hacer es escribir sobre el dolor…”, respondió Bukowski a Ron Burden en 1978.

En 1994, hecho un completo burgués (la moraleja es que la vida es más irónica que Bukowski) el borracho encontró la salida: el mito sigue en pie. Y en este libro, entre la leyenda y la vida, se podrán hacer algunos descubrimientos interesantes.

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