RevistaArcadia.com

Una biografía desde la muerte

Luz Mary Giraldo reseña El hombre de las mil nombres la novela de Ricardo Silva Romero

2010/02/09

Por Luz Mary Giraldo

Todo hombre tiene una ventaja sobre los demás hombres: que nadie lo conoce de verdad”. Así termina El hombre de los mil nombres de Ricardo Silva, novela con fotografías escrita a manera de biografía, diario, crónica, trozos de guión, alusiones a películas, frases célebres o nimias de algunas de ellas, en la que a raíz de la misteriosa muerte de Lester Brown, conocido como Philip Jacobs, o Laurente Scott, o J. W. Baxter, o Ian Tracy y muchos otros nombres, el detective Mark Redfield se propone indagar en su historia. La hipótesis del detective es que a la vida de este particular y extraño personaje subyacen indicios del cómo y el porqué de su muerte. La duda entre el suicidio o el asesinato sirve de punto de partida: quién lo mató, por qué o para qué surge frente a la posibilidad de suicidio a los 73 años de este exitoso productor de cine. Atrapado en el cuerpo del personaje sobre el que investiga, Redfield conjetura que cuando se trata de una muerte violenta la biografía es un pequeño drama; para seguirle el paso, un narrador está permanentemente a su lado.

El drama es tragicómico y se liga a una larga metamorfosis. ¿Mil nombres y un solo individuo? Se preguntan lector e investigador. El lector sigue la trama fragmentaria desde diversas voces hiladas, encontrándose con múltiples nombres en un solo personaje, de la misma manera que el investigador reconoce secretos familiares, se informa de implicaciones políticas y económicas del cine norteamericano y la sociedad capitalista, confronta realidad con ficción, cine con arte o negocio, intensificando la profunda relación establecida con Lester y sus nombres. El lector reconoce en el investigador la forma de proceder del escritor que indaga, cuestiona, ata cabos, no traga entero, se detiene en la complejidad del biografiado y su entorno familiar, la de Philip, Scott, Baxter…, insiste en la búsqueda de una verdad convincente, pues sabe que en la vida pública son muchos los secretos que se esconden tras la muerte o la desaparición.

Afirmando los conflictos de identidad del personaje, narrador y narradores construyen paso a paso la vida de ese ser excepcional. Un ser que quienes conocen en sus identidades definen de manera diversa, y del que se habla a partir del instante en que lo encuentran muerto en su oficina, con la cara cubierta por un pañuelo, bien vestido y en posición fetal.

El cine se superpone constantemente en el relato logrando una brutal radiografía de la maquinaria hollywoodense, de la política, de las verdades y mentiras de la sociedad norteamericana. Lester es capaz de meter el dedo en la llaga; por eso es condenado a un año de prisión y por eso debe cambiar constantemente de nombre. Del domingo 29 de febrero de 1920, día de su nacimiento, al jueves 11 de noviembre de 1993, el del encuentro de su cadáver, el lector debe desandar los pasos del camaleón, y aunque a veces se fatiga por el exceso de situaciones y el que pareciera el deseo del autor de no dejar nada entre el tintero, reconoce en esta biografía detectivesca los pormenores de alguien acusado de comunista, capaz de acusar a unos cuantos intocables, que vio en el séptimo arte la posibilidad de expresarlo todo, tanto la fantasía como la realidad en toda su crudeza y la vida en su misterio, que cuestionó el código moral de quienes se atrevían a censurar y recortar películas y no veían los estragos de la guerra y de la bomba de Hiroshima.

En esta historia escrita con gravedades, atrocidades y perplejidades, se invierten las leyes de lo policial: desde la forma como vivió el personaje se afirma que todos fueron sus asesinos, para reconocer con él que “todos estamos solos con nosotros mismos”.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.