RevistaArcadia.com

Una familia como cualquier otra

Juan Carlos González reseña Un cuento de navidad, dirigida por Arnaud Desplechin

2010/03/16

Por Juan Carlos González A.

Arnaud Desplechin es un director ambicioso y con oficio, una combinación que a veces funciona bien y a veces no tanto. Sin embargo, es preferible tener que soportarle cierta pomposidad y arrogancia a un hombre con ideas y que corre riesgos, que a quien no tiene un armazón artístico y creativo que lo sostenga.

Llega a nuestras pantallas su más reciente realización, Un cuento de navidad (Un conte de Noël, 2008), una forma interesante de acercarse a sus inquietudes como autor. Amante de los filmes de largo aliento, poblados de una multitud de personajes, y dispuesto siempre a quebrar las expectativas que podríamos tener sobre el desarrollo narrativo de sus propuestas, Desplechin ha ido forjando una obra elegante, por momentos quizás excesivamente sofisticada y fría, pero que está señalándonos el camino de un cine francés contemporáneo menos dispuesto a condescender con el público y más deseoso de retarlo.

Parece que a la historia de una familia que se reúne para celebrar las fiestas navideñas –momento preciso en el que se saldarán cuentas pendientes, se abrirán viejas heridas, resucitarán fantasmas afectivos y van a revelarse algunos secretos ocultos- ya no haya nuevo que añadirle, pero Desplechin va a intentarlo. Confía sobre todo en el poder de un reparto coral de actores y actrices de excepcional nivel como Catherine Deneuve, su hija Chiara Mastroianni, Mathieu Amalric, Emmanuelle Devos, Anne Consigny y el recordado veterano Jean-Paul Roussillon, fallecido a finales de julio de este año. Ellos hacen parte de la disfuncional familia Vuillard: padre, madre, una hija, dos hijos, un primo, una nuera, un yerno, tres nietos, una amante. Una familia como cualquiera, para decirlo de otra forma.

Reunidos –casi contra su voluntad– para pasar la noche de navidad, Desplechin se encargará de hacerlos colisionar, pero evitándonos las trampas sentimentales que son casi obligatorias en este tipo de relatos. Y eso lo consigue llenando el filme de humor negro, ironía y una enorme distancia que raya casi en el desdén. Apreciamos los grandes riesgos que ha corrido, sus ganas de contar una historia que no les teme a los cambios súbitos de registro, y que es moderna y elegante en el diseño de su puesta en escena y en la introducción de elementos narrativos no diegéticos, pero sin embargo, hay algo que nos deja indiferentes frente al destino de sus personajes. Les falta alma, padecen de catatonia afectiva. Vean a Junon (Catherine Deneuve): es obvio que la noticia de que padece una mielodisplasia –no se preocupen, nos lo cuentan casi desde que la película se inicia– la afecta profundamente, pero su personaje parece un espectro. Es una madre y abuela gélida, incapaz de un gesto de cariño. Y así son muchos de los personajes de un filme intelectualmente calculado, incluso lleno de referencias y guiños cinéfilos y literarios, pero al que le falta sensibilidad. Es posible que muchos espectadores se conecten con esta historia por su capacidad de desenmascarar falsas felicidades y por la crítica social que lleva implícita, pero algunos nos cansamos de tanto sarcasmo autosuficiente y hueco.

Ojalá toda la historia de Un cuento de navidad hubiera sido como la de Sylvia y la del primo de su esposo, Simon. Ambos son personajes menores de la película, pero están muy hermosamente construidos, dotados, ellos sí, de la humanidad que tanto extrañamos en los demás. Desplechin también los creó: su cine tiene la potencialidad de conmovernos, y quisiéramos que a él le importara hacerlo.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.